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Introducción
¿Existe
algo más importante que el conocimiento? Sí.
El amor, la amistad; ellos son la savia vital que hacen que la existencia
valga la pena. Sin embargo, también el amor nace del conocimiento. Se
conoce las esperanzas y los sueños, los miedos y las pesadillas del otro,
se curiosea esos recovecos y lugares recónditos de la personalidad, para
terminar amando ese conocimiento tanto como a la persona. En
el primer amor, los deseos de conocimiento se centran en lo físico.
Recuerdo muy bien el ardor de la juventud como para ignorar tal hecho, en
especial cuando me viene a la mente la imagen de mi amada Maresa en sus años
mozos. Pero con la edad cambia nuestro modo de ver las cosas, y gracias a
ella he alcanzado a conocer mucho más a mi esposa; conozco muchos
aspectos que, cuando joven, no les di importancia; muchos aspectos que
hubieran alejado a ese tonto de su lado. Por mi bien, esa estupidez se
hizo humo con el correr de los años. Hoy conozco las profundidades
insondables de mi Maresa, que van más allá de lo físico, y el lazo que
me une a ella jamás ha sido más fuerte. Amo a la Maresa con que me casé
hace cuarenta años; amo a la Maresa que he llegado a conocer a lo largo
de estas décadas junto a ella; amaré a la Maresa de los años venideros
con igual —o mayor— fervor. Así
es el amor que se siente por el mundo, por una región. Juega su belleza física
(o su falta, en ciertos casos), pero hay otras cuestiones que van más allá
de ella: la gente que vive allí, sus ideas, su sociedad, su cultura
—todo aquello que hace real a la gente—. Todo ello es lo que hace de
una región o país lo que verdaderamente es, y es mi deseo que el
presente libro haga tomar conciencia de la belleza de Gushémal. Para
ser honesto, los detalles geográficos jamás han sido una gran preocupación
para mí. (Sin contar, claro, los mapas que me servían de guía.) Si bien
seguramente son necesarios, me temo que su descripción no ha gozado de
toda la profundidad que se merecen. Es mi intención corregir este defecto merced a la colaboración de viajeros con conocimientos de
las diferentes regiones. Pero,
¡ay!, una obra como esta rara vez resulta como la pensó el autor. Aun
cuando la mayoría de los textos que integran el presente libro hurgaren
en los pormenores de la sociedad y la cultura, la inclusión de algunos
mapas bien podría ser de utilidad. Mi
esperanza es que la obra ofrezca una mirada que refleje las bondades y
profundidad de Gushémal, y que se enamore de su mundo conociendo todos
sus detalles, al igual que yo me he vuelto a enamorar de mi esposa. Demercur Ylvain,
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