Compendio sobre países y regiones de renombre

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Países y regiones

Índice

Prefacio

Sección 1: Países

Sección 2: Regiones

 

El Imperio Tonomai


Conmoción interior o el comienzo de la caída del imperio

“A lo largo de la dinastía Atavid, el fanatismo de los creyentes en el Dios Único no disminuyó en absoluto, sino que se veía alimentado por lo que predicaban las sacerdotisas, los anuncios públicos de la emperatriz y los fallos de los jueces.

“Los Tiamids mantuvieron el sistema judicial sin mayores cambios. A lo sumo, ampliaron las facultades de los tera’qua a fin de que tuvieran mayor poder que los gobernadores regionales —mas el propósito principal era mantener el comercio—. El comercio y la riqueza constituyeron el objetivo mayor de los Tiamids, herencia del gobernador Nequôz, sin duda —en tanto, las sacerdotisas y sus sermones se fueron a pique, al igual que el fervor del pueblo—.

“Fue una gran época, llena de logros y descubrimientos maravillosos. Por primera vez en la historia tonomai, los hechiceros ocuparon un lugar de importancia, y sus torres volvían a salpicar el paisaje, en tanto que de sus academias salían hechiceros —y nuevos encantamientos— a borbotones. Los mercaderes vieron aumentado su prestigio, junto a sus caravanas y buques. Según un dicho de la época ‘a Tonomat la baña el oro torkyn’, la descripción más acertada de aquella situación.

“Pero al tiempo que disminuía el fervor y la fe, también hacía lo propio la unidad del país. Llevó muchas décadas hasta que aparecieron las primeras señales con nitidez, antes disimuladas mediante la preocupación de la mayoría por satisfacer su codicia por el vil metal.

“Irónicamente, fueron los valles del Denya y el Legnezre los primeros en plantear su disconformidad con el imperio. En algunos sitios, las fuerzas imperiales descubrieron los ídolos de los antiguos dioses, y, en 2857 d. D., se halló a las orillas del Denya el primer santuario consagrado a Umahar. No queda claro cuántos volvieron secretamente a las antiguas costumbres, siendo, al parecer, sólo el diez por ciento de la población. Muchos más eran los que tenían la sensación de que los gobernantes tiamid descuidaron la cuna de la fe, que Leahcim no era más que una provincia perdida que poco significaba a los ojos de la emperatriz en Dagba. ¿Acaso no era Leahcim la ciudad santísima de la fe? ¿No se le debía el respeto que merecía?

“En 2878 d. D. tuvo lugar la primera insurrección. Entonando cánticos religiosos en honor al Dios Único, un pequeño ejército los cuarteles imperiales en De’kra, y los tomaron tras un día de sitiarlos. La sacerdotisa que encabezaba el ejército, Olagesh, se declaró como la nueva y legítima emperatriz. Dos semanas después, las fuerzas tiamid aplastaron la insurrección, y Olagesh fue enviada a la hoguera.

“La conmoción no se detuvo allí. El pueblo del valle pasó a llevar el nombre de Olagesh en el alma —algunos llegaron a decir que el Dios Único la había salvado de las llamas y que había fundado una nueva dinastía—. Cada tanto, en las décadas posteriores, aparecía una sacerdotisa que afirmaba ser descendiente de Olagesh, y que llevaría a la nueva dinastía Olageta al poder, que volvería a ubicar tanto a Leahcim como a la religión del Dios Único en el lugar que les corresponde. Todos estos conatos se vieron aplastados por el poder imperial.

“Pero mientras los tiamids se concentraban en lo que ocurría en los valles no prestaban atención al descontento que había en otras provincias, tanto en la ex Acheen como las situadas en la costa este; estallaron más rebeliones. Era muy común que las huestes imperiales contaran con pocos soldados para enfrentarlas, y transcurrieron meses antes de que mayor cantidad de nuevos combatientes estuvieran prestos para aplacar a los insurrectos.

“En la última década del siglo XXIX parecía que una infinidad de focos rebeldes cubrían todo el Imperio Tonomai. La excepción era la Península Arrufat, donde la dinastía Umalquai —los representantes del Dios Único— habían preservado el sistema atavid, puliéndolo hasta alcanzar la perfección. En la provincia de Nuâsdal, como los tonomai llamaban a la península, se ejercía un control férreo, y la fe del Dios Único tenía la misma fuerza de siempre.

“En ese momento —y por segunda vez en la historia de la dinastía— una mujer, Vereshyl Ata’lamek, se hallaba a la cabeza de los Umalquai. Si bien no era sacerdotisa, se constituyó en gobernante de Nuâsdal en tanto que su padre no había dejado otros herederos. (Los Umalquai no seguían la versión del beiqua que circulaba en esa época, con una nueva redacción por parte de los tiamids, sino que se aferraban a la versión original.)

“Vereshyl se hallaba muy alterada por los sucesos. ¿La conmoción que sacudía el otro lado de los Estrechos de Stevereev podía llegar a su amada Nuâsdal? ¿O podía ocurrir lo imposible y el imperio podía caer presa de su propia debilidad? En tal caso, el comercio se vería amenazado, lo que afectaría los suministros regulares en los que se basaba la riqueza de Nuâsdal. Desde luego que era posible abrir nuevas fuentes en las tierras de los infieles, pero había dos problemas. En primer lugar, los infieles juraron guerra eterna a los tonomai (lo que probablemente se pudiera resolver mediante la promesa de ganancias). En segundo lugar, y lo que era más espinoso, era que el beiqua prohibía todo contacto con infieles salvo en la guerra. Si bien puede suponerse que ni Vereshyl ni la mayoría de los Umalquai no veían demasiados inconvenientes al respecto en la ley del beiqua, hacerlo contrario habría debilitado la fe del pueblo de Nuâsdal.

“Y ello fue la causa de los problemas del imperio, ¿no es verdad?

“En otras palabras, para asegurar el lugar de Nuâsdal, Vereshyl debía estabilizar el imperio en sí. En 2897 d. D. logró conformar un buen ejército para cruzar los Estrechos de Stevereev. Las primeras ciudades costeras fueron presas fáciles para las huestes umalquai, quienes llegaron a Dagba en el otoño de aquel año. Pero, al verse impedidas de continuar ante las murallas de la ciudad, comenzó un sitio que duraría casi dos años. Los umalquai debieron hacer frente a vario ataques por parte del ejército imperial —lo que dejó desguarnecidas a las provincias del este, a raíz de lo cual algunas se declararon independientes y fortificaron sus fronteras—. Finalmente, en 2899, el sitio terminó, y Vereshyl tomó Dagba. La emperatriz tiamid fue ejecutada públicamente, mas a su familia se le permitió seguir con vida. Vereshyl explicó ello a través del beiqua, en el que se establecía que sólo de castigarse al delincuente, no a su familia.

“El gobierno umalquai de Tonomat no fue todo lo perfecto que Vereshyl había esperado. Tras su muerte en 2921, la nueva dinastía comenzó a experimentar los inconvenientes que habían padecido los tiamids. Les afectó la vida sencilla de Dagba, haciéndolos tan negligentes como sus predecesores. Le prestaron menos atención incluso a Nuâsdal, y lentamente las defensas de la Península Arrufat comenzaron a debilitarse.

“Ello condujo a la reconquista de Arrufat, que se inició en 2974 d. D., al llegar las primeras tropas de Ibrollene, las que contaron con el apoyo de los ejércitos de la Tierra Azul (el denominado Imperio Romano), al mando del general Marco Augusto Hanfalken. El proceso fue lento pero jamás se detuvo, cual sustancia gelatinosa que recorría Nuâsdal.

“Con su propia tierra natal amenazada, la emperatriz umalquai intentó reunir sus fuerzas para realizar una defensa, pero varios generales del ejército imperial se negaron a acatar sus órdenes, afirmando que su intención era defender al ‘verdadero’ Tonomat, no a una provincia perdida al otro lado del mar. Si los umalquai hubieran permanecido fieles a las ideas de Vereshyl y hubieran fortalecido el lugar que ocupaban las sacerdotisas y la fe, todo habría sido muy distinto, y, quizá, la reconquista de Arrufat jamás habría tenido éxito.

“Así las cosas, los umalquai fueron derrotados en 2982 d. D., y una nueva emperatriz se instaló en Leahcim, afirmando —como tantos otros— ser legítima descendiente de Olagesh. La dinastía Olaghid duró —aproximadamente— sesenta años, y sufrió los constantes desafíos de numerosas autoproclamadas emperatrices que reclamaban el Trono de la Doncella. Fueron incontables las veces en que alguien afirmó ser descendiente de tal o cual personaje histórico, al tiempo que el imperio se sacudía con la embestida de las diferentes emperatrices.

“Los olaghids casi sufren el golpe de gracia en 3012 d. D. cuando el Sacro Ejército llegó a la costa sur del imperio, a la boca del Lengezre, con sus buques. A este ejército lo organizó en Ibrollene el Divino Sacerdote Supremo, líder de los creyentes en nuestros propios dioses, quien, además, estuvo al frente de él. (Recomiendo la lectura del excelente libro “Sacerdote supremo y general” de Tamus Waggoner, sacerdote  cayaboreano de Darawk, si se desea saber más de este pintoresco personaje.) Al  Sacro Ejército lo atizaba un espíritu fanático similar al que fortalecía a las fuerzas tonomai de hace tantos siglos, y arrasó los valles cual ira de los verdaderos dioses. Ese mismo año fue tomada Leahcim, y la emperatriz olaghid tuvo que huir, llevándose su Trono de la Doncella a la odiada Dagba.

“El Sacro Ejército detuvo su accionar tras conquistar los valles. Allí construyeron fortalezas, asignaron una fuerte presencia militar e instauraron su propio gobierno. (Cinco años después, Ibrollene cedió sus colonias, y los valles volvieron a gobernarse a sí mismos. Jamás volvieron a formar parte del imperio, manteniendo hoy tanto su independencia como una rara mixtura de religiones: allí viven creyentes en el Dios Único y los que rezan a los dioses antiguos y de los nuestros.)

“En un acto de piedad, ignoremos la etapa de conmoción generalizada que le sucedió a este período. El imperio quedó prácticamente desintegrado en el siglo siguiente, merced a la secesión y reconquista de provincias y a emperatrices y dinastías que se declaraban gobernantes omnipotentes. Lo que debe resaltarse es que la última emperatriz olaghid y toda su familia fueron asesinadas en 3041 d. D.”

Sabio Demercur Ylvain,
Sacerdote de Darawk, Sagrada Academia de Chazevo
(de “Historia de Gushémal”, tratado inconcluso, aprox. 3159 d. D.)

 

 

Los dos imperios

“En 3119 d. D. la guerra civil llegó a su punto culminante. Para esa época, se habían perdido todas las provincias del este que costeaban el océano, al igual que los valles del oeste. A la Península Arrufat (o Nuâsdal) la habían reconquistado casi por completo las huestes ibrollenianas; sólo faltaba una pequeña parte de la provincia, pero seguía aferrándose con fervor al nombre de Nuâsdal —y al hecho de que su gobernante era descendiente de la dinastía Umalquai—.

“En el continente, los umalquai habían tomado el Trono de la Doncella dos veces en lo que iba del siglo anterior —pasándose a denominar la Segunda y Tercera Dinastía Umalquai, respectivamente—, mas ninguna duró demasiado, considerándoselas extintas en el siglo XXXII. En todas partes, salvo en Nuâsdal, claro está.

“Dos grandes personajes hicieron su aparición en escena en ese tiempo: en Nuâsdal, Hyero Ata’lamek tomó el poder provincial, mientras que en Obrosvek, sobre el río Cheselain, Atavi Ghalar era la suma sacerdotisa del Dios Único. (Atavi afirmaba ser descendiente de su homónima, la hija mayor de la doncella. Por extraño que parezca, tal afirmación fue objeto de estudio de un gran número de eruditos —¡inclusive sacerdotes de Darawk!—, y parece ser mucho más sólida que la de Ghaltara, ¡la primera emperatriz!)

“Con bastante premura ambos organizaron grandes ejércitos en el continente, y ambos afirmaban estar imbuidos del espíritu del Dios Único, que les exigía reunificar el imperio. Los que en realidad hicieron fue dividir a Tonomat en dos partes de casi igual tamaño y fuerza. Se libró una contienda civil en 3119, pero rápidamente se hizo palmario el hecho de que, cualquiera fuera el vencedor, representaría una derrota para los vecinos de los tonomai. El imperio se vería tan debilitado que sería la presa más fácil para cualquier invasor.

“Con el carisma, inteligencia y razonabilidad que caracterizaba a ambos líderes, decidieron celebrar un encuentro junto a sus representantes para hallar una salida a la situación.

“Quizá sea poco prudente de mi parte creer los relatos que se han escrito acerca de este encuentro, pues parecen tan… improbables. Parecen cuentos de hadas, historias inventadas para ocultar un acontecimiento serio, mas… Oh, está bien, soy bastante dado a lo romántico, por lo que te ruego, caro lector, que tomes con pinzas el siguiente informe.

“El debate fue acalorado. Los miembros de ambas dinastías, ambos ejércitos, se propinaban su fastidio a los gritos unos a otros; los ánimos estaban caldeados. A menudo las conversaciones se hallaban al borde de convertirse en peleas o batallas, en tanto que los soldados esperaban afuera prestos a tomar las armas.

“Pero a cada momento tanto Hyero Ata’lamek como Atavi Ghalar levantaban la voz para calmar los ánimos, ya fuera recitando partes del beiqua o simplemente recordándoles el verdadero propósito de su presencia allí. Poco a poco, ambos bandos se dieron cuenta de que sus argumentos eran los mismos, que perseguían iguales objetivos.

“Y aún con más lentitud, pero con la fuerza de una avalancha que va cobrando potencia gradualmente, tomaron conciencia de que no había necesidad de discutir. Más aún, disfrutaban la compañía del otro. Se dieron cuenta de que el Dios Único los había colocado en Gushémal para unificar el imperio, haciéndolo uno desde el punto de vista territorial —y personal—.

“Tras dos meses de negociaciones oficiales, los generales de ambos ejércitos procedieron a tratar de ubicar a sus líderes, quienes no aparecían por ninguna parte. Para su asombro, sí hallaron a Hyero y Atavi —en un dormitorio del palacio de Dagba—. Después de un mes, ambos contrajeron oficialmente matrimonio, y Atavi pasó a ocupar el Trono de la Doncella como la nueva emperatriz, con Hyero como su visir. Se fundó una nueva dinastía, que fusionaba a los descendientes de la doncella con los herederos de Nuâsdal en la dinastía Atalquai.”

Sabio Demercur Ylvain,
Sacerdote de Darawk, Sagrada Academia de Chazevo
(de “Historia de Gushémal”, tratado inconcluso, aprox. 3159 d. D.)

 

Tonomat hoy

En rasgos generales, la dinastía Atalquai tuvo éxito en la unificación y solidificación del imperio que hoy existe. Ha habido algunos conflictos bélicos limítrofes, y en los primeros tiempos algunas provincias más se separaron, mas desde 3127 d. D. el Imperio Tonomai ha permanecido inalterado.

Los atalquai volvieron a instaurar el sistema judicial, tanto los tera’qua como zu’qua, cuyas facultades y derechos se había visto menoscabados en el siglo anterior. Las sacerdotisas recuperaron su alto prestigio social. El ejército sufrió una reforma importante, asegurándose que sus miembros prometieran lealtad a la emperatriz atalquai.

Empero, el imperio se halla muy lejos de la gloria que una vez alcanzó, lo que ha provocado el descontento de algunos tonomai. Los rebeldes acechan algunas zonas, pero sufren la persecución de las fuerzas imperiales siempre que es posible; no son una amenaza seria para los atalquai, dado que, en particular, esta dinastía ha demostrado tener fuego sagrado.

Quizá es el espíritu del Dios Único, no sabría decirlo. Ni tampoco puedo afirmar qué les ocurrirá a los tonomai en el futuro, si es que acaso volverán a amenazar nuestras tierras. En lo personal, me resulta dudoso, pues los atalquai también han reformado la fe del Dios Único. Ellos permiten el intercambio comercial con el exterior —si bien el beiqua todavía prohibe todo contacto con infieles, esa ley jamás se aplica—, han autorizado la instalación de embajadas de otras naciones en Dagba y han enviado sus propios representantes diplomáticos a otros países.

El estado actual de la fe tonomai la muestra como un credo más civilizado, que merece honor y respeto. Bien puede volver a sus raíces fundamentalistas y violentas, mas espero que prime la razón. Ello, creo, es el verdadero legado de los fundadores de la dinastía Atalquai, Hyero y Atavi.

Sabio Demercur Ylvain,
Sacerdote de Darawk, Sagrada Academia de Chazevo