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Mitología
Índice
Prefacio
Sección 1:
Dioses y diosas
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Introducción
¿Qué es divino? ¿Cuáles son los Dioses verdaderos, y cuáles las meras
ficciones? ¿A quiénes debería escogerse para que honren y veneren como
corresponde a quienes rigen nuestra existencia? ¿Dónde puede un simple
mortal hallar el sendero hacia la divinidad?
Generaciones enteras se han planteado estas preguntas y hecho conjeturas al
respecto, sin que amás hayan encontrado respuestas que satisfagan las
mentes curiosas. Eruditos, sacerdotes, todos han hallado indicios, que más
bien se asemejan a fragmentos de porcelana, que, se cree, formaron parte
una única vasija que se partió en pedazos hace mucho tiempo, y que, sin
embargo, no llegan a encajar perfectamente entre sí. ¿Se debe a que
faltan demasiadas piezas? ¿O, quizá, la razón sea que los fragmentos
que hemos encontrado pertenecen a varias vasijas que había al principio?
No creo que en el mundo conocido exista lugar en que tal pensamiento encaje
mejor que en el Imperium Romanum Novum, también conocido como la Tierra
Azul. Aquí no sólo chocan religiones diferentes, sino también historias
y culturas distintas. Dos son las raíces de nuestra nación. Una, los
refugiados de la Península Arrufat, expulsados de su terruño natal histórico
por las hordas de los tonomai, quienes no compartían sus creencias.
Llegaron a la Tierra Azul a fin de encontrar un nuevo hogar donde poder
rendir tributo a sus creencias y cultura.
Pero la otra raíz del Imperium se halla en la Munda Antiqua, el Viejo Mundo, del que hemos heredado una sociedad y
un conjunto de creencias diferentes. En tanto que otros pueblos de este
mundo rinden culto a Alyssa, la Diosa del Amor, nosotros adoramos a Venus.
Nuestro divino señor del conocimiento recibe el nombre de Apolo, mientras
que otros ven en él a Darawk.
Sin embargo, estos dioses nuestros presentan enormes similitudes respecto de
aquéllos venerados en el resto de Gushémal. De hecho, muchos sacerdotes
del Imperium mantienen lazos estrechísimos con sus hermanos del exterior;
y algunos dicen que en verdad se trata de los mismos dioses.
¿Es verdad esto? El pontifex maximus afirma
ser el sumo sacerdote, líder de todos los clérigos de este mundo. ¿Pero
es más acertada que la del Divino Pontífice de Gushémal?
Grande resulta la importancia de estas preguntas; y el presente libro será
un intento de plantear ideas al respecto, no respuestas, las que solicito
que el lector coliga por sí mismo.
A tal efecto, he pedido el aporte de muchos de los personajes más
importantes de nuestra época, a fin de que brinden sus opiniones sobre lo
divino, su conocimiento de los ritos de veneración y la importancia que
todo ellos tiene para nuestra existencia. No es mi intención afirmar cuál
es la elección correcta,
o dar indicios sobre ella. En caso de que aparezcan, aseguro que provienen
de quien brindó el texto de que se trate y no de mi parte, como tampoco
necesariamente reflejan mi parecer.
Un comentario más sobre prestaron su colaboración: si bien la mayoría
proviene de los niveles más altos de la sociedad de Gushémal, me fue
necesario darle cabida a algunas opiniones de estratos plebeyos. Aun
cuando sus textos pequen de rústicos e incultos, vienen a completar el
panorama y la información que este libro se supone debe ofrecer.
Dada su naturaleza, la presente obra permanecerá inconclusa largo tiempo,
por lo que es dable esperar la edición más o menos regular de un número
de suplementos complementarios.
Llegado el caso de que, tras la lectura, quedasen dudas, o los lectores
consideren que convendría agregar información a fin de mejorar el
contenido del presente, sírvanse dirigirse a mi dirección de magiesquelas.
Su atención y voluntad de recorrer aún más estos senderos hacia la
divinidad son prueba de que mi esfuerzo tiene buena acogida y resulta
necesario.
Gayo
Augusto Quintiliano,
Eboracum Novum

Método
del libro
Comenzaré por los diferentes razonamientos en torno a los dioses más
comunes del panteón y los varios modos de describirlo. A falta de un término
mejor, no referiremos a él como el panteón de Gushémal. Claro que ello
resulta engañoso ya que son varias las deidades que no pertenecen a ese
grupo, algunas de las cuales han sido de hecho sus oponentes, como es el
caso del dios único de los tonomai.
El panteón de Gushémal cuenta con alrededor de treinta dioses principales.
Existe, asimismo, una gran gama de dioses menores, que en su mayoría son
variaciones locales, semidioses u otros fenómenos pertenecientes con
exclusividad a determinada región. Este último grupo recibirá el
tratamiento debido en un apartado especial que será incluido como parte
integrante de la sección correspondiente en su oportunidad.
En lo que respecta a los dioses principales, el orden de estudio será el
siguiente:
En primer lugar, trataré los relatos y leyendas sobre cada dios en
particular. Entre ellos no sólo figuran el canon oficial que predican los
sacerdotes, sino también relatos populares que brindan una descripción más
acabada de la naturaleza y cualidades individuales de las deidades.
Obviamente, soy consciente que ciertos relatos no cumplirán ese objetivo,
pero aun así la búsqueda de la verdad exige ceñirse a tal norma de
investigación.
En segundo lugar, trataré todo lo que hace a la actividad sacerdotal
vinculada al dios en cuestión, es decir los preceptos de los clérigos,
sus órdenes e inclinaciones, como así también los templos consagrados
al culto. También en este caso me basaré en gran medida en los aportes
de mis estimados pares, aunque en pos de un prolijo desarrollo, realizaré
mis propios comentarios en las categorías respectivas a partir de la
información que me fue brindada.
En tercer lugar, entraré a considerar la cuestión de la magia. Su aplicación
es cara a los sacerdotes; constituye parte de su poder para actuar a favor
del bien o del mal. Sea bendiciendo o maldiciendo, ellos obtienen sus
poderes mágicos a partir de su Dios, y por ello sus hechizos presentan
grandes diferencias según la orden a la que pertenezcan. Algún que otro
hechizo, como la curación, es común a casi todos; empero, en este
supuesto, la calidad y amplitud de los poderes curativos presentan
diferencias importantes. El clérigo de Darawk, cuando mucho, cura
raspaduras y heridas menores, en tanto que el sacerdote de Decalleigh
—como yo mismo he presenciado en varias ocasiones— puede sujetar el
alma que se apresta a iniciar su viaje hacia la muerte y arrancársela de
las manos, devolviéndole al cuerpo todo su vigor, a menudo con más salud
de la que tenía.
En la segunda sección, me introduciré en otros mitos que rodean al panteón
de Gushémal. Me refiero a leyendas sobre grupos más numerosos, como
también sagas que carecen por completo del respaldo oficial. Se trata de
relatos a todas luces ficticios que, sin embargo, han perdurado siglos y
tal vez milenios, por lo que es dable considerar que en ellos haya ciertos
fundamentos históricos. Ello lo dejo a juicio del lector.
En la tercera sección nos apartaremos del panteón de Gushémal para dar
paso a los sistemas de creencias de otros pueblos, como el Imperio Tonomai
o los beduinos del sueño del Desierto Elfadil. Por desgracia, esta sección
puede llegar a resultar ser la menos creíble, ya que mis fuentes rara vez
provienen de las entrañas de esas sociedades. Se hace bastante difícil
tener contacto con algún tonomai confiable, y la información con que
cuento respecto de, por ejemplo, los bárbaros de Robhovard es, en el
mejor de los casos, de tercera mano.
Aun así, he reunido toda la información que me fue posible, y creo haber
seleccionado los textos más apropiados y creíbles para la realización
del presente libro. Guardo la esperanza de que en un futuro obtenga mayor
acceso a las fuentes a fin de que el lector cuente con la mejor información
posible.

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