
“Como todos, fui al templo de Darawk para aprender. Mis padres eran
pobres, que vivían de trabajitos que hacían de vez en cuando, y que
apenas permitían poner de cena una comida digna
—y, por supuesto, ni tenían dinero para dar al templo—. ¡Menos
mal que la Fuente de la Sabiduría, el Gran Señor Darawk, que nunca haya
exigido contribución alguna por la enseñanza!”
“Claro que es costumbre pagar a los sacerdotes por sus servicios, y ello
es bueno pues ¿de qué vivirían si no fuera así? En definitiva, pasarse
un día entero enseñando o investigando no deja tiempo para otro trabajo.
También es común que los sacerdotes de Darawk hagan reproches sutiles a
padres ricos que no pagan su contribución —¡ni los estudiantes reciben
tal reprimenda! No es culpa de ellos si sus padres son tacaños sin
necesidad—.”
“En mi caso no había necesidad de ningún reproche. De hecho, el Padre
Imahil le ofrecía a mi familia todos los meses cinco monedas de bronce, a efectos de compensar lo que yo habría
ganado de haber realizado algunos trabajitos. Mis padres tenían orgullo y
no aceptaban —y quizá mi padre creía que yo estaría mejor si
trabajara—. Él aprovechó la primera oportunidad que tuvo para dejar la
escuela a la edad de doce años —probablemente con la bendición del
sacerdote—. Mi madre —¡Dios la tenga en la gloria!— decía que el
conocimiento es importante y que allana el camino a un futuro mejor.
“¡Cuánta razón tenía! Como tenía facilidad para la lengua y la aritmética,
el Padre Imahil pronto tomó la decisión de ubicarme en un grado
superior, y con seriedad les decía la los alumnos mayores que fueran
amables conmigo. (No es necesario que aclare que ni las palabras del Padre
Imahil impidieron que se burlaran continuamente de mí, lo que sólo
aumentó mi deseo de aprender más, para pesar de mis compañeros, ya que
a los pocos meses el Padre decidió hacerme pasar a otro grado
superior.)”
“En esa época me la creía. Había hecho dos años en seis meses, y tenía
el convencimiento de que esto no iba a cambiar. Si después de todo yo era
mucho más inteligente que
todos. ¡Oh, no, no se adelanten! Mi propia complacencia se fue en picada
unos pocos días después, al darme cuenta de que apenas podía seguir a
mis nuevos compañeros —y en el patio del templo tuve que padecer el
escarnio no sólo de ellos sino también de aquellos a quienes había
superado—.”
“Me aislé de todos, y busqué el consejo del Padre Imahil, quien fue lacónico
y directo: el conocimiento implica trabajo.”
“Los años siguientes transcurrieron con lentitud. Por suerte, ya la
memoria se ha encargado de borronearlos y apenas los recuerdo. El templo
contaba con ocho grados, los que comenzaban a cursarse a partir de la edad
de siete. Aun cuando los padres pueden retirar a los hijos en cualquier
momento, el clero considera obligatoria la asistencia a los primeros cinco
grados, es decir, hasta los doce años aproximadamente. En este período
la enseñanza es intensa en lo que hace a lengua y aritmética, en tanto
que se brinda nociones generales del mundo que nos rodea, tales como
conocimientos sobre el reino animal y vegetal, o las grandes naciones, sin
mencionar las clases sobre los dioses, que nos han creado a todos.”
“A la edad de doce el estudiante cuenta con un nivel decente de
conocimiento, que le permite valerse por sí mismo en la vida, y también
ampliarlo según les convenga. En caso de que haya demostrado tener
condiciones para continuar los estudios en el templo —y los padres
pueden darse el lujo de no contar con alguien más que aporte al hogar el
dinero de su trabajo—, se le permite cursar tres años más. Esta es una
etapa en la que las asignaturas básicas ganan en amplitud, lo que a su
vez implica un estudio más profundizado de ellas como también el
comienzo de otras, como por ejemplo literatura y magia. (Por supuesto que
no se trata de clases de magia,
sino acerca de ella.)”
“Yo estaba entre los que el Padre Imahil había elegido para proseguir los
estudios, y nuevamente les ofreció ayuda económica a mis padres. Esta
vez se trataba de media moneda de plata al mes. Todavía recuerdo el
brillo de las tres monedas de plata que le ofreció mi padre por el período
correspondiente a medio año —y el enojo en el rostro de mi progenitor
al rechazarlas—. ‘¡Que trabaje!’ dijo él.”
“A lo que el Padre Imahil contestó con firmeza: ‘Su hija trabaja en el
templo. Ella tiene condiciones. No le destroce las esperanzas.’”
“Recuerdo con claridad esas palabras, y como casi me estalla el corazón
de la alegría cuando dijo que tenía condiciones. ¡Así que yo era inteligente después de todo! ¡Ha, era mejor que esos tontos de la escuela!”
“La decisión de mi padre de retirarme de ella hizo añicos todo
sentimiento de superioridad que hubiera hecho nido en mí. Sin su
consentimiento me era imposible permanecer en la escuela, aunque que sí
se les permitía a los tontos no
habían mostrado condiciones. Tuve que trabajar, y así lo hice. Sin más
trámite, al día siguiente me llevó a una posada cercana e hizo que me
contrataran para limpiar la cocina y el comedor.”
“Por esa tarea el posadero le pagaba a mi padre treinta monedas de cobre
al mes. Veinte menos de lo que le había ofrecido el Padre Imahil. Mi
padre sabía contar, por supuesto, pero creía que el trabajo enseñaba más
que un sacerdote.”
“¿Cómo fue que llegué a
sacerdotisa de Darawk? La formación de la futura miembro del clero
incluye no sólo ocho años de instrucción, lo que es caso de mi templo,
sino también la asistencia a la academia a lo largo de varios años y dedicar al menos dos años a la docencia o de ayudante de
investigación. Si las cosas siguen su curso normal, se reciben las órdenes
sagradas a la edad de veinticinco.”
“La respuesta es que recién a la edad de treinta y siete me colocaron el
prendedor con forma de pergamino sobre mi chaleco color tabaco. Me casé a
los pocos años de dejar la escuela con un intrépido guerrero que me había
llamado la atención cuando yo tenía alrededor de diecisiete, y así pasé
del dominio de mi padre al Helgvar, un hombre bueno, fuerte y atractivo.
Lo amaba con todo el corazón, pero a menudo estaba lejos de casa,
patrullando o tomando parte en campañas prolongadas, dejándome sola y
con poco que hacer salvo limpiar la casa. Debo confesar que en esos
momentos rara vez pensaba en el templo de Darawk. Después de que mi padre
me retiró reprimí todos los recuerdos y ansias de aquella época.”
“Me llevó varios meses darme cuenta de que podría emplear mi tiempo
libre para volver al templo. El Padre Imahil ya había fallecido, y en su
remplazo estaba una joven sacerdotisa de nombre Wallayn, que insistía en
que se dirigieran a ella como ‘sabia’ en vez de utilizar el honorífico
‘madre’, capricho éste que demoró mi decisión de solicitarle se me
admitiera en la escuela. Parecía tan joven e inexperta que, en realidad,
habría sido bastante extraño decirle ‘madre’. Cuando llegué a esa
conclusión me dirigí a ella, pero su respuesta fue lacónica y ofensiva.
‘¿Cómo se llama el actual gobernante de Ibrollene?’ me espetó.”
“Ante mi ignorancia Wallayn continuó bufando: ‘¿Espera que pierda el
tiempo repitiéndole conceptos que ha olvidado? ¿Cuánto pasará antes de
que vuelva a olvidarse?’ Y, diciendo eso, se alejó con paso firme y
fuerte, pareciendo hacer trizas mis sueños en cada pisada.”
“Por suerte, siempre hay bibliotecas en los templos, y una buena cantidad
permiten el acceso libre, siempre que se abone cierto arancel. Por más
que protestara la Sabia Wallayn, no podía negarme el
derecho a tomar prestado sus libros y leerlos en casa en
mis momentos de ocio. Se me hizo difícil estudiar de los libros. Primero,
debía que volver a acostumbrarme a lo que implica el aprendizaje; en
segundo lugar, en caso de tener preguntas para las que los libros no daban
respuestas, mi orgullo me impedía solicitarle ayuda a Wallayn. Así las
cosas, para hallar las respuestas pedí prestado otros libros, y mediante
ellos me fui abriendo camino.”
“Así me pasé un año entero. El enojo de Wallayn aumentaba cada vez que
tomaba prestado un libro, pero por fin se dio cuenta de que no se trataba
del delirio pasajero de un ama de casa aburrida lo que me llevó al
templo, por lo que accedió a brindarme su ayuda en mis estudios, permitiéndome
finalmente llegar a una academia de Darawk cercana, y, por último,
ingresar al clero.”
“Ojalá Helgvar estuviera entre nosotros para ver a lo que he llegado. Por
de la misma época en que yo egresaba de la academia él murió en una
batalla en tierras lejanas, sin poder ver al menor de sus hijos. El día
antes de la batalla me había escrito una carta, en la que decía que
esperaba ver de nuevo a sus hijos, y con sarcasmo apuntaba que sus amigos
se burlaban de él por estar casado con una sacerdotisa. Todos los días
rezo a mi señor, el gran Darawk, para que guarde su alma en el otro
mundo.”
Rallagnaryn
Livra,
Sacerdotisa de Darawk,
Sagrada Academia de Tervauld, Mil Islas
“Ser sacerdote de Darawk no implica que deba dejarse de lado la vida
propia. Es cierto que el trabajo del clérigo le quita muchas horas al día,
pero ello también le sucede a tantos que dedican la vida al servicio de
la comunidad. El sacerdote puede contraer matrimonio, tener hijos,
mantener una familia. No se le prohibe realizar viajes —siendo, de
hecho, una actividad a la que se estimula—. No hay alimento ni bebida
que no pueda tocar. Se permite el consumo de bebidas alcohólicas (si bien
existen algunas pautas limitativas al respecto en los textos sagrados).”
“En lo que al matrimonio concierne, son varios los clérigos que dicen que
en los días de antaño, al menos hace un milenio (quizá más), se obligó
a un sacerdote de Darawk a observar el celibato, ya que se pensaba que
tener esposa e hijos haría que descuidase a su rebaño —pero cuando el
mismísimo Gran Señor del Conocimiento tomó por esposa a la diosa Atawn,
tales ideas fueron tachadas de ridículas—.”
“Hoy se dice que el sacerdote de Darawk debería tener hijos, para así
poder comprender la mentalidad de los jóvenes. Ello es útil para quienes
se dedican a la docencia, actividad principal de la mayoría de los
sacerdotes de este dios.”
“En total, existen tres clases diferentes de sacerdotes de Darawk:
docentes, investigadores e itinerantes. (Existe también otra distinción,
quizá más obvia, en la vestimenta que utilizan, pero dejemos la cuestión
para otra oportunidad.)”
“A menudo, los sacerdotes encuadran en más de una categoría. Por
ejemplo, los itinerantes tienen interés en aprender todo lo posible, por
ende son investigadores; asimismo, les interesa impartir sus conocimientos
a otros, razón por la cual también son docentes. La mayoría de las
academias exige que los recién ordenados viajen al menos dos años antes
de establecerse y encarar un objetivo específico; por ello podemos
suponer que cada sacerdote de Darawk que conozcamos fue clérigo
itinerante en un momento de la vida.”
“Con frecuencia los investigadores —depende del tema en cuestión—
dejan su lugar natal para ir en búsqueda de nueva información en el
exterior, siendo su objetivo no el hallazgo de conocimiento para beneficio
propio y exclusivo sino a fin de hacerlo público. En general, no enseñan
a niños, sino solamente a novicios y estudiantes más avanzados, pero
escriben libros en los que brindan los pormenores de las investigaciones
que realizan.”
“Por el contrario, el sacerdote docente, en el común de los casos,
permanece períodos prolongados en un mismo lugar, que puede ser su ciudad
natal, o bien puede ser que haya estado de viaje varios años y considere
que cierta villa, ciudad o heredad necesita de un clérigo de Darawk. En
caso de que se trate de un lugar pequeño, que cuente con sólo un
santuario y un sacerdote a cargo, este último debe mantener también una
biblioteca que exija la investigación, y, por supuesto, debe encargarse
de establecer sitios aptos para su realización, como así también instar
a la comunidad a leer y aprender todo lo posible.”
“Entre los numerosos medios en que los sacerdotes de Darawk obtienen
dinero para mantenerse ellos mismos y también al templo se cuentan
los aranceles y tarifas, que en general son bajos, pero se espera
encarecidamente que el cliente deje una suma de propina para el sacerdote
—en caso de que aquél se halle en condiciones de abonar un precio más
alto—. (Dado que estos clérigos valoran el conocimiento por sobre todas
las cosas, resulta sencillo ver que la mayoría sabe con exactitud acerca
de la riqueza de sus feligreses. Mantienen precios populares para que
también los más pobres accedan a ellos —y, a aquéllos que ni siquiera
pueden pagar estos precios, a menudo se les brinda los servicios en forma
gratuita—. Pero los que cuentan varias monedas de oro e intentan sacarle
el jugo al sacerdote de Darawk deberían suponer que corresponde alguna
retribución.)”
“La principal fuente de ingresos del templo es la enseñanza y la
biblioteca. Algunos clérigos no le cobran arancel a los estudiantes, sino
que aceptan sólo aportes a voluntad; hay otros que cobran precios simbólicos,
como una moneda de cobre por mes. Por el contrario, la biblioteca cobra un
arancel por libro prestado, no así por la lectura en sus instalaciones,
que es gratuita.”
“También existe la oficina postal de magiesquelas, que permite —por un
precio conveniente— enviar mensajes a otros templos a través de medios
mágicos. Asimismo, y por una pequeña suma se puede estar abonado a este
servicio.”
“Los sacerdotes de Darawk ofrecen otros servicios como escribas y
tenedores de libros. En caso de que un campesino —que no haya tocado la
pluma en décadas después de terminar la escuela— necesite escribir una
carta al propietario de la finca, solicita asistencia sacerdotal para
redactarla en términos amables y de manera que resulte legible. Los dueños
de tiendas y los mercaderes tienen la tranquilidad de confiar en las
aptitudes del clérigo a la hora de hacer los cálculos exactos de sus números.
Se puede confiar en que el sacerdote de Darawk no abusará de esta
confianza —como también es de suponerse que haga notar cualquier
irregularidad que exista y, de ser de importancia, denunciarla a las
autoridades—. Como consecuencia de lo expresado, algunos comerciantes
dan a publicidad su vinculación con algún templo a fin de que nadie les
endilgue la comisión de ilícitos.”
“Además de los templos y academias, cuentan con sus propias fábricas de
papel, el que destinan a la venta —en tanto no se necesite en el templo
mismo—, como así también realizan encuadernaciones, tanto de libros
propios como ajenos.”
“Por último, cabe agregar que hasta el santuario más pequeño tiene el
orgullo de contar con un reducido número de gansos, de los que se
obtienen las plumas que tanto necesitan los sacerdotes. Ellas también se
venden, y, en ocasiones, estos animales pueden resultar apreciados no por
las plumas sino por su carne, la que generalmente se come el día
correspondiente a alguna fiesta.”
Duquesa
Alanya Tesiraum,
“Lo que se necesita saber sobre sacerdotes”, 3088 d. D.
“La típica vestimenta de los sacerdotes de Darawk es aburrida y poco
llamativa. No por nada se los llama la Orden de los Eruditos. Oh, a mí
eso no me importa. Yo no ando en eso de la lectura y la búsqueda sagrada
del conocimiento. Soy un hombre sencillo que se plantea un objeto sencillo
en esta vida: el dinero. La riqueza, la fortuna y los tesoros son mis preceptos de vida.”
“Pero supongo que para conseguir eso es necesario contar con algún
conocimiento, además de cómo manejar la espada y no andar como loco
matando gente. (En particular, a aquéllos que lo buscan a uno. Sin
embargo, no hay necesidad de preocuparse en caso de tener que eliminarlos.) Bueno, la cuestión es que siempre hay algo más que
aprender.”
“Mire, si quiere hallar un tesoro —y mejor si no está protegido—, lo
primero en que se debe pensar es sitio en que se ubica. Generalmente, los
tipos como yo no tienen ni idea de dónde buscar; por el contrario, tendría
que pasármela en los bares tratando de agarrar al vuelo algún dato,
alguna pista que pudiera
parecer absurda… Bueno, se puede
dar, pero depende mucho de la suerte. Demasiado para mi gusto. Por lo que
prefiero hacer averiguaciones en el templo de Darawk intentando sonsacarle
a los estudiosos algún mito o leyenda que contenga cierta verdad histórica.”
“Me he pasado un par de años haciendo esto, y me ha ido bastante bien a
decir verdad. Tengo un bonito lugar en Freeport, un par de sirvientes que
cuidan la casa cuando me voy, y los mercaderes hace cola siempre que estoy
en mi hogar, esperando conseguir alguna de las cosas de valor que traigo.
(Se la lleva el que ofrece el precio más alto, por supuesto. No se llega
a ningún lado si uno se fija en la amistad o cosas por el estilo. Encima,
paso tanto tiempo fuera de casa que no tengo
amigos entre esos taimados comerciantes.)”
“Oh, me fui de tema. ¿En dónde estaba? Sí… Bueno, se aprende alguna
que otra cosa acerca de los sacerdotes de Darawk. Algo de especial
importancia es la cuestión de a quién
dirigirse. No todos tienen los mismos conocimientos, sino que se
especializan. Igualito que el guerrero común y corriente; hay que
decidirse si uno va a ser guardaespaldas, mercenario, un soldado íntegro,
o profesional independiente, como es mi caso.”
“Estos tipos que andan vestidos color tabaco son buenos blancos, puesto
que estudian geografía, la composición de terrenos, quizá también
leyendas. Igualmente, algunos son tan aburridos que le dejan zumbando los
oídos a uno hablándole acerca de la importancia de tal o cual barro —¡y
cuando digo barro me refiero al barro, no la villa o pueblo que se encuentre en ese lugar! ¡Por
todos los dioses, me he pasado horas enteras escuchando a esos tontos
engreídos!”
“Encuentre
al correcto que aprenderá todos los secretos jugosos que guardan algunos
lugares.”
“También están los sacerdotes literarios. Oh, sí, seguro, todos se la
pasan con la nariz metida entre los libros. Los que yo digo usan togas
color castaño y leen libros antiguos, cuentos, relatos, historias
antiguas, cosas por el estilo. ¿Ve hacia adónde apunto? Quizá no le
pasen buenos datos sobre las cercanías, pero pueden llegar a revelarle
alguna historia de la antigüedad, alguna leyenda de lugares lejanos que realmente
sea provechosa. (¿Cómo? Oh,
por supuesto, no todo es de fiar. Me refiero a las historias, no los
sacerdotes. Una vez, hace alrededor dos años, seguí un muy buen indicio
—y resultó que habían saqueado hacía veinte años el lugar que había
estado buscando—. Pobre la sacerdotisa que me lo contó, no sabía nada
al respecto. Yo regresé a decírselo, y… (risas)
¡No estaba triste en absoluto! Comenzó a hacer las valijas delante de mí
para después dirigirse directamente al lugar a fin de actualizar sus
conocimientos. Madre mía, esos sacerdotes…)”
“Los que se dedican a la docencia tampoco andan muy desaliñados. Visten
chaquetas de marrón fuerte que tienen unos bordados, creo que son símbolos
mágicos o sagrados. (No me pregunte en detalle, ni los distingo —ni
puedo decirle si sólo son decorativos. ¡Ha, pregúntele a uno de
ellos!—.) Son los encargados de brindar instrucción a los jóvenes de
la comunidad, lo que significa que han estado metidos un buen tiempo en
ese lugar, lo que les permite adquirir buenos conocimientos respecto de la
zona —y, con certeza, de lo que dice la gente—.”
“Se pierde mucho tiempo parando en posadas tratando de pescar alguna
leyenda. Piénselo otra vez, siempre hay un sacerdote de Darawk cerca, un
docente que ha hablado con casi todos
los que viven en el lugar, incluidos los que conocen esas leyendas. Así
que, ¿por qué perder tiempo esperando cruzarse con esa gente si se puede
ir directamente a ver al sacerdote, hablarle con simpatía y hacer que le
cuente todo el asunto a uno mismo? Es probable que pueda decirle acerca de
lo confiable de la fuente, acerca de si la versión cuenta con algún
respaldo —bueno, resulta más inteligente, ¿se da cuenta?—.”
“(…)”
Terak
‘Matadragones’ Korbin,
Guerrero de Península Arrufat
(grabado en una conversación en la posada “La muerte del ogro” en
Inwarnez, Costa Salvaje,
publicado en “Habitantes de lo inhóspito” por Deggar Bleyd, ed. 3162
d. D.)
Aclaración:
No he tenido la fortuna de hallar textos concisos que me permitiesen
describir las siguientes bendiciones, por lo me he encargado de explicar
la función que cumplen por mi propia cuenta. En caso de haber incurrido
en algún error, agradecería a los eruditos de Darawk que así me lo
hicieran notar y aclararen la cuestión.
G.A.Q.
La
bendición rúnica de la seguridad
Se utiliza con regularidad en todas las bibliotecas de los templos de
Darawk. La “runa” —que se trata de un símbolo mágico— se echa
mediante la bendición sobre cualquier objeto, y emite una señal que
permite al sacerdote seguir la resonancia que conduce hacia él.
En la generalidad de los casos la runa es invisible y no daña el objeto en
cuestión.
El propósito de esta bendición es bastante obvio. En caso de que
desaparezcan objetos de la biblioteca, ya sea por robos o debido a que se
los ha olvidado en algún sitio, siempre se podrá rastrearlos y
recuperarlos.
(Por esa razón, con bastante asiduidad se contrata a sacerdotes de Darawk
para que echen estas runas sobre objetos de valor pertenecientes a otras
personas, sean ricos mercaderes o quizá funcionarios estatales. En
Cayaboré, donde el clero forma parte del entramado del Estado, la bendición
se ha aplicado sobre prácticamente todo objeto oficial —¡inclusive la
corona del rey!—.)
La
bendición rúnica de la detección
Gracias a ella se detecta las runas de la seguridad. Cada una tiene una
resonancia específica (ése fue el término empleado por el sacerdote que
me explicó este hechizo); los clérigos tienen que armonizar su mente con
la resonancia para así percibir el origen de la señal.
Magicopia
Para esta bendición se necesita el manuscrito original y hojas de papel en
blanco, preferentemente del mismo
tamaño. Carece de importancia la antigüedad o complejidad de la
disposición del texto original. El sacerdote establece un vínculo mágico
entre ese original y el papel en blanco, el cual pasa a tomar el aspecto
del primero.
De esta manera se logra una copia perfecta, imposible de distinguir del
original por su aspecto extrínseco. (Ello no será así en caso de
utilizarse un tipo de papel diferente.)
Magiesquela
Se trata de una variante de la “Magicopia”, pero que ha cobrado una
importancia increíble a lo largo de los últimos cien años desde su
creación. La “Magiesquela” permite establecer comunicaciones de forma
instantánea con sitios ubicados a miles de kilómetros, sin pérdida
alguna de contenido.
Mediante esta bendición también se vinculan dos hojas de papel por arte de
magia. Mas en este caso ambas están en blanco. Una permanece el templo de
Darawk, en tanto que la otra se lleva a otro sitio, sin importar la lejanía.
Si alguien escribe en cualquiera de ellas, el texto aparece al instante en
la otra. El resultado es una copia perfecta a kilómetros de distancia,
enviándose un mensaje sin emplear mensajeros.
¡Se trata de un invento sorprendente y maravilloso! Durante mi época de
senador del Imperium, con frecuencia le daba las gracias a Darawk por él
y ofrecí un sacrificio por este magnífico don divino.
Un comentario sobre su alcance práctico: Excepto para fines didácticos,
los sacerdotes jamás vinculan sólo dos hojas mediante la
“Magiesquela”; en cambio, el vínculo se establece entre una gran
cantidad de papel con otra, lo
que resulta muy acertado, ya que una hoja se completa con rapidez, y
resultaría tedioso recibir y enviar continuamente nuevas páginas por
parte de las estaciones receptoras o emisoras, respectivamente. (Cuando se
comenzó a utilizar esta bendición, solamente era posible vincular un par
de hojas por vez, lo que mantenía ocupados a los sacerdotes días enteros
tratando de reunir una cantidad considerable de pares para distribuirlos.)
Hoy por hoy, prácticamente todos los templos de Darawk se comunican
mediante este sistema y ofrecen sus servicios a la población. Mediante el
pago de un arancel relativamente pequeño uno puede suscribirse a este
servicio en cualquier templo, tras lo cual se otorga una dirección propia
de magiesquela; a partir de ese momento, cualquier habitante de Gushémal
puede enviarle mensajes a través de este sistema. (Las tarifas por envío
varían según el templo. Siempre obedecen a la cantidad de caracteres del
mensaje y el número de estaciones a que se envía.)
La
bendición del dictado
Esta resulta similar a la “Magicopia” y la “Magiesquela”, pero
aparentemente exige el empleo de una técnica totalmente diferente. El
efecto consiste en bendecir una o varias hojas (vinculadas en forma
consecutiva) a fin de que las palabras que se pronuncien sobre ellas
aparezcan escritas de inmediato. El estilo de escritura difiere según el
caso, pero, por lo que he podido averiguar, es el del sacerdote que echa
la bendición.
Son pocos los que echan mano de este hechizo para uso personal. Sólo los más
ancianos han perdido la habilidad con las manos, lo que les impide
escribir por sus propios medios, y deben recurrir a la utilización del
“Dictado”.
Para beneficio económico del templo, no resulta necesario que el sacerdote
de Darawk realice un dictado sobre la página. Ella reacciona ante el estímulo
que significa cualquier palabra comprensible —que pertenezca a un idioma
que sepa quien echa la bendición—. Por lo tanto, este tipo de hojas se
venden en el templo y vienen en sobres con aislante acústico. Una vez
fuera de ellos, puede registrarse en ellas de inmediato cualquier palabra
que se pronuncie en el entorno en que se hallen.
Por supuesto que uno de los usos que se da a esta bendición es el dictado
de cartas, pero personalmente creo que hay uno todavía mejor. Tomar notas
de manera rápida y confiable durante el tratamiento de un tema puede
llegar a resultar dificultoso si los ánimos están exaltados y las voces
se entrecruzan vertiginosamente. En el caso particular de las sesiones del
Senado, se ha cuestionado bastante su transcripción por parte de miembros
que plantean que su aporte al debate ha sido omitido.
La utilización de la bendición del “Dictado” hace que desaparezca tal
preocupación. Las hojas todo lo oyen y, mediante el ajuste pertinente,
inclusive asignan las
intervenciones a quien corresponde.
La
bendición del mejoramiento de memoria
Este hechizo potencia la capacidad de retención de
información a partir del momento en que se realiza, tras lo cual la
persona es capaz de recordar a la perfección hechos y textos, incluso
hasta el más mínimo detalle.
Tiene efecto temporal —y cuya duración depende de la
fracción de energía mágica empleada—. (Debe destacarse que resulta
temporaria al utilizarse una buena cantidad de magia —mas, como la
duración alcanza varios siglos, virtualmente se trata de memoria
permanente—.)
Una aplicación alternativa de la bendición es la de
grabar recuerdos de modo permanente. Sin embargo, debe tratarse de un
recuerdo ínfimo, por ejemplo, una línea de texto. También en este caso
todo depende de la cantidad de magia que se emplee, y, por ende, del poder
del sacerdote que echa la bendición; cuanta mayor energía se utilice,
mayor será el volumen de recuerdos.
La
bendición del recuerdo
Guarda cierta similitud con la del “Mejoramiento de memoria”, pero no se
limita a lo que ocurre después
de echarse la bendición, sino que abre la puerta a todos los recuerdos
almacenados en la mente, permitiendo traer a la memoria hechos acaecidos
hace décadas.
Ya se puede uno imaginar cuán poderoso debe ser este hechizo. Por ello, no
sorprende que sólo lo realicen los clérigos con mayor poder, consumiendo
grandes cantidades de energía mágica. Aun así, rara vez tiene efecto
permanente; tengo conocimiento de un solo caso en el que los efectos sí
tuvieron esa naturaleza —¡y quien echó la bendición fue la mismísima
Divina Pontífice! (Eso ocurrió hace cerca de veinte años, cuando
Eyrolflyan, sacerdotisa de Darawk, se hallaba en esa función.)
La
bendición del implante de conocimiento
Otra nueva variante de las bendiciones de la memoria que permite al
sacerdote transmitir conocimientos directamente a la mente de las
personas. Para mí, alguien que poco entiende de magia, parece una
combinación de la “Magicopia”
y las bendiciones recién mencionadas, en tanto que se realiza copia del
conocimiento de una mente para enviarlo a otra.
La mente de partida no tiene que ser la del sacerdote que realiza la bendición.
Un tercero que cuente con la información pertinente puede servir de molde
a partir del cual copiar el conocimiento que va a la mente de destino.
Hay, por supuesto, muchas formas de emplear este hechizo. Quizá el más
valioso es su utilización en los tribunales, en caso de dudas respecto de
la veracidad de las declaraciones allí vertidas. Gracias a este recurso
el sacerdote puede extraer los recuerdos que tenga el testigo del delito y
colocarlos en la mente de un individuo digno de confianza, quien, acto
seguido, relatará los hechos tal cual ocurrieron.
Es a todas luces evidente que esto constituye una violación gravísima de
la sacrosanta intimidad de la mente de la persona, por lo que los
sacerdotes de Darawk se muestran muy reticentes a aplicar la bendición
contra la voluntad del participante. Su utilización es común en casos de
homicidios repugnantes, y sólo respecto del sospechoso. (En caso del que
el testigo de ese delito no esté dispuesto a revivir de forma consciente
esos hechos terribles, puede que se avenga a que se le aplique la bendición,
asegurándose el sacerdote de que ningún recuerdo le afecte la
conciencia.)

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