Go home!

Página principal

Archivos para bajar

Boletín

Enlaces

Envíanos mensajes


Los relatos

El mundo

El juego


Mitología

Índice

Prefacio

Sección 1:
Dioses y diosas

 

 

Senderos hacia la Divinidad



Leyendas

Mychalli

“Todos los años, el pueblo de Lyssaion recibía la primavera con una competencia atlética en al que participaban los mejores hombres y mujeres, que tenían por objeto llevarse la rama de olivo del vencedor y ganarse el afecto de la diosa fundadora de su ciudad, la esplendente Alyssa. Competencias arquería, luchas, fuerza, belleza, lanzamiento de jabalina y discos, carreras, salto en largo y alto constituían las disciplinas en las que competían los atletas, que recibían el aliento de un pueblo que se regocijaba en con el festival. Algunos vendedores ofrecían comidas, otros baratijas o vestimentas o refrescos de la más variada índole.”

“Pero por sobre todas las cosas, sobresalían los sacerdotes de Alyssa, que observaban, como ojos y oídos de la Señora, para juzgar quién era merecedor de la rama de olivo en cada disciplina, quién había hecho más méritos para bañarse del brillo de la gloriosa atención de la Señora.”

“Un año participó un atleta llamado Mychalli, un hombre de fuerte contextura física proveniente de la villa de Danzaton. Cuando, siguiendo la tradición, se quitó la ropa, el asombro recorrió las plateas; las mujeres suspiraban y a los hombres se les hacía un nudo en la garganta de la envidia que sentían: ellas y ellos contemplaban absortos los músculos bronceados de un cuerpo perfecto. Al notar lo que provocaba, se sonrojó, dibujándosele en el rostro una sonrisa encantadora que desconcertó a los hombres e hizo desmayar a las mujeres.”

“Corrió el trayecto de cien metros y cruzó la línea de llegada sacándole medio metro de ventaja al competidor más cercano.”

“También participó en el salto en largo. Y aunque fue superado por dos atletas, ningún espectador se acordaba del ganador, sino de la gracia del vuelo de Mychalli, su piel bronceada y sudorosa que resplandecía con la luz del sol y la felicidad de su rostro al ver la distancia que había alcanzado.”

“Por último, mientras se ponía el astro rey y sus dedos rosados acariciaban los pastos, se colocó en el círculo de lanzamiento provisto de un disco de piedra. Lo sostenía sin mayor esfuerzo, al igual que los demás atletas con discos de metal más livianos. Ni un alma se atrevió a quejarse por el disco de piedra, ni a burlarse de Mychalli.”

“Comenzó a girar, trastocándose la sonrisa por concentración. Los espectadores quedaron en silencio, boquiabiertos ante la perfección de su musculatura. Y en el momento indicado lanzó el disco. Dio vueltas en el aire, como transportado por espíritus celestiales, perdiéndose en la lejanía, superando todas las líneas de medición hasta estrellarse contra un muro. La platea estalló en vítores, sabiendo quién sería el ganador antes del inicio de la competencia. No hubo un solo atleta que, a pesar de realizar esfuerzos supremos, se acercara Mychalli. Muchos lo intentaron varias veces, sólo para caer exhaustos.”

“Al final Mychalli recibió la rama de olivo. Le sonrió a la sacerdotisa, y ella, que había visto ya tanta masculinidad, no pudo evitar sonrojarse. Mychalli se volvió hacia la multitud, levantó la rama y elevó una oración de agradecimiento a Alyssa, quien le había dado su amor y la fortaleza para alcanzar la victoria aquel día.”

“Fue estupendo, y Mychalli fue el invitado de honor en el banquete que ofreció lo más selecto de Lyssaion. Comió bien y disfrutó del mejor vino que jamás había saboreado. Momentos después, se le acercó una doncella, que le solicitó que bailara con ella. Era una joven espléndida, con cabellos de oro y una sonrisa que prometía. Mychalli se sentía mareado por el vino y la gloria de la victoria, así que aceptó acompañarla en una pieza.”

“Eran la pareja con más garbo, y pronto quedaron bailando solos ante la mirada asombrada de la concurrencia. Sus movimientos eran perfección y vivacidad: el balanceo de las caderas de ella era la tentación, y cada paso que él daba llevaba la soberbia del tigre. Cuando por fin terminó la música Mychalli quiso volver a su mesa, pero la doncella insistió en bailar una pieza más. ‘Soy Slasya, y no aceptaré una negativa’, dijo.”

“Mychalli aceptó, pero pronto comenzó a dudar ante la mayor vivacidad que cobraban los movimientos de la doncella, que se mostraba cada vez más tentadora. La música se detuvo, él se disculpó de nuevo, pero ella insistió. ‘Soy Slasya, y serás mío.’”

“‘Jovencita,’ dijo Mychalli, apenas sonriéndole, ‘Me debo a una mujer. Su promesa es sagrada para mí y nada la quebrantará.’”

“Los ojos de la doncella despedían llamas, al tiempo que gritaba ‘¿Te niegas a Slasya? ¿Rechazas a Slasya?’”

“La sonrisa del atleta se hizo más intensa pero tenía un dejo de tristeza. ‘Sí. Soy suyo y no le perteneceré a nadie más.’”

“‘Pues pagarás por haber rechazado a Slasya,’ dijo ella amenazadora e intensa.”

“Ya no había regocijo allí para Mychalli. A pesar de los ruegos de damas y caballeros, decició dejar el banquete, así que recogió sus pertenencias y partió hacia su hogar en Danzaton. Su esposa Judyleyt lo recibió feliz y lloró al ver la rama de olivo. Al ver a su mujer, Mychalli se olvidó por completo de la extraña doncella del banquete; era allí, en los brazos de su amada, donde él hallaba la verdadera alegría.”

“Al día siguiente, después de que el se había ido a trabajar al campo, alguien llamó a la puerta de su casa. Judyleyt abrió y vio a un hombre con cabellos de oro y una sonrisa que prometía. ‘Soy Lyawell, y no aceptaré una negativa’, dijo.”

“Judyleyt se quedó sin palabras, y se le secó la garganta, al tiempo que él la tomaba entre sus brazos, abrazándola con fuerza. ‘Soy Lyawell, y serás mía.’”

“Ella no podía resistir los impulsos ni la fuerza de las manos de ese hombre, que iba abriéndole la túnica. ‘Soy Lyawell,’ decía él, ‘y eres mía.’”

“‘Sí’, murmuró ella, arrebatada por sensaciones que jamás había experimentado.”

“Cuando Mychalli volvió, no hubo llantos de bienvenida, ni aroma a comida caliente y recién hecha. Lo recibió la nada. Permaneció perplejo en la puerta, llamando a Judyleyt. Al no obtener respuesta, salió a buscarla. Toda la noche corrió por la villa, el bosque y los campos, llamándola en vano.”

“Finalmente cayó dormido. Cuando se despertó estaba oscuro, pero comenzó a buscar una vez más. Corrió otra noche, otro día y otra noche hasta que el cansancio le volvió a ganar. El sol lo despertó con un beso; se sentó en un lugar en el que jamás había estado, y comenzó a llorar. Se le caían las lágrimas, incesantes e intensas.”

“‘¿Por qué lloras?’ preguntó una mujer.”

“Mychalli levantó la vista esperando hallar a la extraña doncella del banquete. Pero estaba equivocado, y lo que vio no era una doncella. Vestida con ropas de pescador, tenía más edad de la que él había creído, y, a decir verdad, estaba bien entrada en años.”

“‘Mi esposa…’ sollozó, y en un grito lastimero, lleno de dolor y desesperación, pronunció su nombre.”

“‘No pienses en ella’, dijo la mujer pescadora, ‘estando cerca Slasya.’”

“Mychalli no alcanzó a comprender, ni tampoco era su intención. Más lágrimas le caían por las mejillas, más gritos de dolor se elevaban hacia los cielos, en tanto que la mujer permanecía a su lado, observándolo pacientemente. ‘Cumpliste tu promesa sagrada,’ dijo después de un rato. ‘¿Ella cumplió la suya?’”

“Él la miró intrigado. ‘¿Qué quiere decir?’”

“La respuesta fue ‘Le perteneces a tu esposa. ¿Pero tu esposa te pertenece?’ Ante su falta de respuesta, la mujer se acercó y dijo, ‘Soy Slasya, y no aceptaré una negativa.’”

“Él no podía resistir los impulsos ni las fuerzas de los brazos de la mujer, que lo iban envolviendo, haciendo que los dedos de él abrieran la túnica de ella. ‘Soy Slasya, y serás mío.’”

“Mychalli era incapaz de resistir, hasta que por fin retrocedió al tiempo que la mujer se puso de pie y volvió a colocarse las ropas. ‘Soy Slasya, y eres mío’, dijo, ‘y perecerás.’”

“De pronto, la mujer pescadora dejó de serlo, y en su lugar se hallaba una mujer de belleza divina, cabello castaño y ojos color avellana, rodeada de un resplandor áureo. ‘Soy Alyssa, y soy la Señora del Amor, y tú me has rechazado. Has pagado un diezmo, pero pagarás tu crimen por completo.’”

“Ella sufrió otra transformación, y pasó a ocupar su lugar un hombre de cabellos de oro. ‘Ahora Lyawell regresará a tu esposa, y él plantará tu semilla en ella. Pero la semilla está contaminada por tu rechazo. Tu esposa quedará embarazada, pero su fruto la hará perecer. Este es el precio que pagas, Mychalli, por enfurecer a la Señora.’”

“El resplandor aumentó hasta hacerse una luz deslumbrante, para luego desaparecer, al igual que Lyawell. Mychalli se quedó mirando el lugar vacío dejado por la diosa. Sabía que ella dijo la verdad. Sabía que Judyleyt moriría, y que nunca jamás volvería a gozar teniéndola entre los brazos. Sabía que moriría dando a luz un hijo de él, pero maldecido por la diosa.”

“Sabía que era justo por ser la voluntad de la diosa.”

“Y las lágrimas volvieron a aflorar en sus ojos; y maldijo a la diosa y a todo lo que era divino, todo lo que le había arrancado la vida.”

De “El libro rojo de Caernavel”,
Escrito aprox. 2750 d. D. Autor anónimo,
Actualmente en exhibición en el Museo de Antigüedades, Hallowton, Cayaboré.
(Adaptación al lenguaje moderno por G.A. Quintiliano)

 

El sacerdocio

Los elegidos y su selección

“Oh, Estimadísima,
Escucha mi oración de agradecimiento,
Pues Tú has elegido a mi hija como tu sierva.
Siempre fue la flor más reluciente,
Siempre tuvo la sonrisa que reconforta,
Siempre tuvo vocación de servicio,
Que, por Tu bendición, ella ahora podrá brindar.
Para pasar delante del templo,
Para ver la sonrisa que reconforta en el rostro de los demás,
Para escucharlos alabar Tu nombre
,
Sé que Tú has dado significado a la vida de mi hija.”

Fuente anónima,
Incluido en “El breviario de la Señora, Ed. 3045 d. D.”

 

“El designio primero de la Señora es que no se acepte a novicias menores de dieciocho años de edad, el cual no podrá violarse so pena de expulsión de la orden y supresión permanente de la facultad de amar.”

De “El breviario de la Señora, todas las ediciones”, Sección sobre Órdenes Sagradas

 

“Resulta reconfortante recordar mi vida, una vida larga, llena de placer y goce. Desde mis primeros días de novicio, llevo una lista de aquéllos que han solicitado mis servicios, una lista de sus problemas y preocupaciones, y una lista de los que pude solucionar. En total ocupan dos estantes del cuarto que tengo en el templo.”

“Algunos nombres aparecen sólo una vez: ovejas descarriadas con poca necesidad de los servicios de la Señora. Algunos no hallaron consuelo ni en mis palabras ni en mis brazos, y partieron con todo el peso que llevaban sobre los hombros.”

“Hay una larga lista gloriosa de los que volvieron una y otra vez para adorar a la Señora y compartir conmigo lo que los aquejaba —confiando en que supiera cómo seguir adelante—. ¡Son tantos los nombres y los rostros que recuerdo! Algunos se recostaban en mis brazos, con una sonrisa que dejaba entrever cansancio pero pícara; otros se sentaban en la silla que yo prefería para mis lecturas, dirigiéndome una mirada dócil, pero también sonriendo porque había aprendido la forma de continuar de ahora en más.”

“Son pocos, me alegro de decirlo, los que volvieron y nunca han hallado el camino para quitarse las preocupaciones de encima. Para mí, esos nombres son calambres en el alma, ya que fue por mi falta de capacidad que no les pude dar las palabras ni los alicientes justos. Los que llegaron a lo último, los que se mancharon el cuerpo y el alma con el suicidio —jamás tuvieron la culpa—. Interiormente, cada uno de ellos era buena persona; cualquiera hubiera podido continuar y llevar una buena vida para al fin hallar la felicidad. Algo más que un poquito de felicidad podía brindarles un simple sacerdote como yo; un sacerdote que cuenta con más de un cordero en su rebaño.”

“No, nunca fue culpa de ellos. Fue mía.”

“Y eso hace trizas el consuelo que siento por todo lo demás. Y ese interrogante terrible de si mis palabras no los habrán herido en lugar de aliviar sus penas. ¿Fui yo quien los hizo caer en el precipicio? Y aquellos que, como si nada, siguieron adelante, hundiéndose cada día más en la depresión de sus preocupaciones, ¿estaban mejor que los otros? ¿No fracasé aquí también?”

“Todavía recuerdo el día en que pensé en ser sacerdote de Alyssa. Por supuesto, la ocasión no fue tan alegre como pudría esperarse. Y mis motivos no eran de los que me hubieran permitido ser aceptada como novicio. Estaba soñando con la hermosa sacerdotisa que había visto en el templo —muy de lejos, naturalmente, ya que apenas tenía doce años—, y también con lo bueno que debería ser  hacerse sacerdote y disfrutar los placeres de la carne todos los días.”

“Todos mis pensamientos eran egoístas, y un buen sacerdote no puede tener pensamientos de esa naturaleza. Por ello celebro la existencia del designio primero, que los menores de dieciocho años no puedan ingresar al sacerdocio. En realidad, no estoy seguro de que el límite sea muy alto.”

“Me llevó treinta años comprender el verdadero significado de ser sacerdote de Alyssa. Había pasado gran parte de la juventud como guerrero, solazándome con las matanzas, y, sí, también con las violaciones. Quizá fue una manera brutal de vivir mis sueños de juveniles.”

“Hubo muchas mujeres a las que deseé, inclusive llegué a amar a algunas. Pocos significaban algo para mí en aquellos años de inconsciencia. Sin embargo, al cumplir veintiocho años en Gushémal, se produjo un cambio en mí; fue cuando conocí a una mujer que hizo que verdaderamente me preocupara por otro ser humano. Ella me educó con muy poco esfuerzo, y me hizo sentir como si yo fuera alguien importante, más que un mero soldado del ejército ibrolleniano.”

“Nos unimos en matrimonio, y esa unión fue una bendición. Al principio. Poco a poco la novedad fue desapareciendo, todo se hizo rutinario, y comenzamos a cansarnos uno del otro. Fue una experiencia ver el deterioro y la decadencia de un amor aparentemente perfecto.”

“Después de seis meses, nuestra casa quedó vacía súbitamente. Se había ido, llevándose todas sus pertenencias —y buena parte de mí también—. Yo esperaba que sucediera algo grave, pero no esto. Ver la casa vacía fue un golpe muy duro para mí, y me quedé una hora sentado en silencio en un rincón, esperando desenfundar mi espada y destrozar todo lo que tuviera a la vista. Pero ya no me quedaban fuerzas.”

“Cuando recobré un poco el sentido —sólo un poco—, me dirigí al templo de Alyssa más cercano en el pueblo, le solicité sus servicios la primera sacerdotisa que vi y me le entregué hasta el fin, sin hablar demasiado. Ni siquiera dejé el donativo de costumbre cuando me fui, directamente me metí en un bar y me emborraché por completo.”

“Al día siguiente no concurrí a prestar servicio. Los guardias me encontraron en el templo, ufanándome del gran guerrero que había sido. Me llevaron a la rastra hasta la fortaleza, me encadenaron una semana, y, cuando volví a salir, regresé al templo.”

“Anduve así dos meses, permaneciendo cada vez más tiempo en la cárcel y cada vez sintiendo menos satisfacción en el templo, pues no decía palabra acerca de mis preocupaciones. Disfrutaba cada vez menos de las atenciones de las sacerdotisas, a pesar de la maravillosa variedad de estas últimas y de su esfuerzo para descubrir mis aflicciones.”

“Finalmente, sufrí la expulsión deshonrosa del servicio, recibiendo cincuenta latigazos en la espalda. Todavía sangraba cuando regresé arrastrándome al templo. Dos sacerdotes me hicieron recostar, se fueron, e ingresó  una sacerdotisa para curarme la espalda. No dijo palabra, ni mientras me curaba ni cuando casi me desmayo del dolor, ni tampoco cuando sentí que recobraba mis fuerzas y la tomé, dándole insensato rienda suelta a mi furia.”

“Cuando terminé, me quedé recostado a su lado, mirando el techo un rato, tras lo cual la miré por primera vez y la reconocí. Era la mujer que me dio sus servicios el día en que me abandonó mi esposa. Me recorrió una extraña sensación, la de darme cuenta de que ella había visto mi dolor y sentido responsable por mí. Era demasiado que hubiera vuelto a mi lado ahora. Era demasiado que hubiera sufrido toda mi brusquedad.”

“La observé toda la noche. No se despertó sino hasta media mañana, y por lo que parecía, se sorprendió al verme todavía allí. ‘Perdóname’, le dije con suavidad, mirándole a sus ojos oscuros y sensuales. ‘Fui cruel contigo.’”

“‘Sí”, me contestó, al tiempo que se le dibujaba una sonrisa, ‘pero tenías tus motivos, Paype Luhpyu, ex suboficial de Ibrollene. O lo que creías motivos justos.’”

“‘¡¿Sabes mi nombre?!” Nunca lo mencioné, no que yo recuerde —¡y de seguro que no dije palabra respecto de mi destitución!—.”

“Ella asintió con la cabeza. ‘Por supuesto que lo sé. Es mi obligación.’ Con las manos me rodeó la cintura al tiempo que me ponía la cabeza contra el pecho, y su pelo me rozaba la piel dándome una extraña sensación de placer. No es que no haya experimentado eso con anterioridad, naturalmente, ¡pero era extraño estar sentado así en un templo de Alyssa! ‘Ahora estás listo para hablar’, murmuró. ‘Te escucho.’”

“Así que comencé a hablar, una hora sin detenerme. No hizo ninguna pregunta, pero cuando hube terminado parecía recordar cada palabra, cada silencio, cada suspiro, y me contó una historia propia. Era apenas una fábula, en absoluto real, pero que hizo eco en mi fuero interno, y sentí que algo cambió.”

“Cuando dejé el templo aquel día, estaba de júbilo, como si algo nuevo hubiera comenzado. Recorrí el pueblo, como si fuera la primera vez que lo veía. Vi la gente, sus alegrías, sus miserias, sus vidas. Vidas como las que había arrancado de raíz sin piedad al servicio de mi país a lo largo de una década.”

“Al caer la noche regresé al templo, y por primera vez no pensé en entregarme a los placeres de la carne cuando vi a las sacerdotisas. En cambio, pregunté por la que me había abierto el corazón —y me di cuenta de que nunca le había preguntado el nombre—. De todos modos, ella me encontró. Me había esperado todo el día, sabiendo que yo volvería.”

“Se llamaba Lachatte, y me hizo ver un mundo nuevo. Su afecto, su preocupación —y ni qué decir de su conocimiento de la vida— me transformaron. Fue a lo largo de esas conversaciones que verdaderamente comprendí el significado de ser sacerdote de Alyssa.”

“En absoluto se trata de los placeres de la carne. Ello constituye apenas un aspecto secundario agradable; no, en realidad se trata de curar las aflicciones de los demás. Descorrerles el velo de los ojos, permitiéndoles ver la raíz de los problemas y el modo de solucionarlos. Para hacerlo como corresponde, se necesita saber de la vida, haber sufrido el dolor en carne propia, haber pasado por lo que pasaron quienes recurren a uno.”

“Es exactamente lo contrario de la vida destructiva que yo llevaba antes, y me di cuenta de que esto era lo mío. Socorrer y no lastimar. Utilizar todo mi dolor y furia para mejorar a otros.”

“Medio año después de que me abandonó mi esposa, ingresé al templo como novicio. Tres años después me consagré a Alyssa, y junto a mi queridísima Lachatte partí para fundar un nuevo templo en las afueras de Marsey, donde pasamos los siguientes treinta años.”

Paype Luhpyu,
Sacerdote alyssiano, Marsey, Ibrollene
(Nota de G.A. Quintiliano: Este texto se escribió en 3153 d. D. Cuando estalló la revolución in Ibrollene un año después, obligaron a Paype y Lachatte a abandonar su tierra natal e ir a Arrufat. En vano he intentado averiguar a lo largo de los siguientes diez años qué fue de su vida. Ruego a Venus que los guarde, y espero saber de ellos algún día.)

 

Ceremonia de consagración

“Tuve el honor de que se me permitiera presenciar la ceremonia de consagración en el templo de Alyssa. Es una rara experiencia para quien no pertenece a la orden ingresar a los cuartos más recónditos, y resulta aún más extraño ver la más sagrada de las ceremonias. Aunque me había desempeñado como supervisor del Rey Armyron para la orden alyssiana más de cinco años, esta era la primera vez que veía el salón de la consagración. Es espléndido: creo que constituye la culminación de los sueños del arquitecto. De forma ovalada, se hallaba dividido por una nave principal ancha que iba hacia un altar con forma de caracola. A la derecha del altar se erige una estatua de gran altura, hecha de oro, y que representa la forma masculina de la Diosa, el joven Allywell; a la izquierda, hay otra similar que representa la verdadera forma de la Señora. Las paredes son curvadas, y están recubiertas de mármol, al que se le ha dado una forma tal que constituya un todo orgánico, sin bordes, formando un empalme perfecto unas con otras.”

“Me senté en el primer banco, a la derecha, junto a dignatarios varones de la orden. El sumo sacerdote y sacerdotisa se hallaban ante el altar, envueltos en largas túnicas rojas con el símbolo de la lágrima y la rosa de Alyssa en la espalda. Ambos eran sexagenarios, y me maravillé de la sensualidad que todavía exhibían. Norkar tenía un cuerpo fuerte, con músculos que no dejaban ver el paso de los años, y su majestuoso corte de cara desafiaba tan bien las arrugas que en realidad se sumían en la inexistencia. Tarima… hacía años que la conocía, había disfrutado de sus atenciones en muchas oportunidades, y hubo veces en que se me escapó alguna lágrima pensando en que su belleza se desvanecería, que sus curvas se transformarían en una masa arrugada; sin embargo, ni una sola parte del cuerpo había sucumbido ante la gravedad, y su rostro conservaba la misma energía de siempre. Su cabello se había vuelto completamente blanco, pero le daba un marco a la cara tan intenso como el pelirrojo de sus años mozos.”

“Los dos se tomaron de la mano al comenzar la suave música del órgano. ‘Sean bienvenidos, queridos amigos’, dijo Norkar, y en ese momento Tarima me dedicó una sonrisa. ‘Démosle una afectuosa bienvenida al Honorable Consejero Vengist. Que la gracia de la Señora esté siempre contigo y que disfrute de esta ceremonia todo lo que ella desea.’”

“Acto seguido, ambos dirigieron la mirada hacia la nave principal hasta la puertas de olmo encantado, que tenían forma de flor. Levanté la cabeza y vi que los ‘pétalos’ se abrían lentamente, introduciéndose en la pared a través de un mecanismo invisible. Más allá de la puerta había sólo oscuridad, y se distinguía la sombra de apenas una figura, que comenzó a avanzar al son de la música —y no pude sino fruncir el ceño—.”

“Era claro que se trataba de una mujer, pero usaba un cinturón que se asemejaba al cincho de un dragón corcel joven. El rostro parecía una mancha roja, todo colorado por el esfuerzo de haber subido los escalones.”

“¿Esto iba a convertirse en sacerdotisa de Alyssa? No pude menos que sentir lástima por ella. Estaba seguro de que aborrecía su propia figura, y que había hecho todo el esfuerzo por perder peso. Pero… ¿servir en el templo? ¿Como sacerdotisa? ¿Qué hombre la elegiría? ¿Qué hombre se abriría de verdad con ella? ¿No caería presa de la locura y la depresión al hallarse sola dentro de un templo consagrado al goce supremo?”

“Traté de contener la incomodidad que sentía lo mejor que pude. (Pero el brillo de los ojos de Tarima  mostraba a las claras que sabía lo que yo sentía.)”

“La novicia siguió su camino por la nave principal hasta quedar ante los Sumos Sacerdotes, quienes la abrazaron y le dieron un beso en la mejilla. Después de un momento, Norkar y Tarima retrocedieron. Y al unísono dijeron: ‘Hija Lezlienil, has finalizado tu noviciado. Has visto las necesidades de muchos. Se te ha mostrado la manera de apaciguar las almas. ¿Ves en ti la fortaleza para dar lo que se necesita?’”

“‘Sí’, contestó con una voz grave que me retumbó en los oídos.”

“Los Sumos Sacerdotes sonrieron. ‘Pues arrodíllate ante la Señora.’”

“La novicia se hincó con lentitud; con la túnica roja parecía una bolsa de papas que se desmoronaba. ‘Despójate de tus ropas’, dijo Tarima en tono suave.”

“Una sensación de repulsión se apoderó de mi ser al tiempo que la novicia se abría la túnica y la dejaba caer de esos hombros fofos. No fui capaz de cerrar los ojos —hubiera sido un insulto demasiado grave hacia los sacerdotes, quienes parecían inmutables ante la  pila de grasa que se hallaba frente al altar—.”

“Norkar se volvió hacia el altar y encendió una vela. Pronto un suave aroma inundó el lugar, demasiado fuerte como para provenir de una sola vela. ‘Estimadísima’, dijo, ‘he aquí alguien que suplica la recibas en la casa de tu placer. Ella tiene nuestra confianza y amor. Por favor, oh Señora, que la luz de tu amor ilumine a Lezlienil.’”

“En ese instante la música dejó de sonar, y el salón quedó en completo silencio. No recuerdo con exactitud el tiempo que permaneció así. Para mí fueron horas; horas en las que me pregunté si Alyssa rechazaría a la novicia, si llovería sobre la gordura de la pobre mujer.”

“Después, un suave fulgor comenzó a rodear las estatuas doradas, que se llenaron de brillo. Una voz resonó en todo el salón, con una suavidad y calidez celestiales, pero fuerte a la vez. ‘Siento el amor de mis sacerdotes. Siento el amor de Lezlienil, que ha venido a dar lo que se necesita. La acepto como hija mía, que será adorada por todos.’”

“Sintió un escalofrío, acompañado de un suspiro o un sollozo —no pude distinguirlo, pero era claro que se trataba de una expresión de gozo. Al menos, pensé, tiene este momento alegre. Oh, sí, el amor es a veces cruel, y también, estaba convencido, la Diosa del Amor mostraría toda su severidad para con su hija.”

“El resplandor que rodeaba las estatuas ganó en intensidad —y zarcillos luminosos comenzaron a dirigirse hacia Lezlienil—. En cuestión de instantes, un resplandor similar rodeaba a la novicia desnuda, haciéndome imposible distinguirla. Se hizo más fuerte y profundo, y más haces dorados y rojos salían despedidos hacia las estatuas. Había una música de fondo, pero era tan hermosa que no era imposible que proviniese de instrumentos de mortales.”

“Transcurrieron largos minutos, durante los cuales la novicia seguía despidiendo más luz color rojo al tiempo que el oro no cesaba su brillo pulsante. Poco a poco el rojo se hacía menos intenso, y los zarcillos de oro puro bailoteaban en derredor de aquélla. Finalmente, también ellos desaparecieron —y sentí que se me detenía el corazón—.”

“Donde antes no había sino una masa fofa, ahora veía la espalda recta de una mujer esbelta. Las redondeces seguían siendo abundantes, pero ya no resultaban desagradables, sino todo lo contrario. Contemplé a Lezlienil con ojos atónitos.”

“Norkar le hizo una indicación con la cabeza. ‘Levántate, hermana, y date la vuelta.’”

“La nueva sacerdotisa se incorporó con dificultad. Años habrá tenido que soportar el peso que ahora había desaparecido, y moverse con un cuerpo esbelto y musculoso era cosa muy distinta. Sin embargo, había gracia en sus movimientos; la misma de la que gozan todos los siervos de Alyssa. Y cuando se dio vuelta, me di cuenta de que jamás hubiera reconocido a la gorda novicia en esta encantadora mujer de belleza perfecta.”

“Sentía vergüenza de mí mismo. ¿Cómo no confíe en la Señora? ¡Después de años de ser supervisor de la orden! ¡Había presenciado tantos actos de bondad que debería haber sabido que Alyssa no podía tener tanta crueldad!”

“En ese momento Tarima dio un paso adelante y me miró directamente a los ojos. Y me ruboricé. ¡Por todos los Dioses, es verdad! ¡Me puse colorado cual joven imberbe! ‘Ahora comprende, Honorable Vengist’, dijo ella con delicadeza. ‘Siente vergüenza, estimado amigo, y eso es bueno. La vergüenza puede ser la puerta para comprender mejor la vida. Pero’, continuó, sonriente y tendiéndole la mano a Lezlienil, ‘sería cruel dejarlo sentir así tanto tiempo. Por ello, usted tomará parte en la ceremonia de clausura, si acepta. Honorable Consejero, ¿podría acompañar a mi hermana a su cuarto y darle oportunidad de quitarle sus penas?’”

“Se me iluminó el rostro al mirar a Lezlienil. Se había vuelto tan hermosa, tan… ¡Y qué sonrisa tenía! ¡Sabía exactamente en lo que había pensado! Sin embargo, sus ojos derramaban tanta alegría, tanto aprecio —e insinuaban una invitación obvia—.”

“Hubiera querido que me tragara la tierra en ese preciso momento y lugar. ¿Cómo iba yo a aceptar? ¿No revelaría ello cuán poco profundo en verdad soy?”

“Gracias al cielo Lezlienil solucionó el problema. Caminó hacia mí, con su aroma que me penetraba, me tomó de las manos y me hizo poner de pie. Ciñó su cuerpo desnudo al mío, me bajó la cabeza y me besó.”

“Oh, jamás olvidaré lo que ocurrió después, pero eso no lo escribiré. Es mejor guardarlo en la memoria, donde quedará como uno de los mejores días en mi vida. Desde aquel día, me propuse conocer íntimamente a Lezlienil, pero también saber de todos los novicios, varones y mujeres, para comprender quiénes y cómo son, a pesar de su aspecto, que a veces es tan lamentable como lo fue el de Lezlienil.”

“Cabría destacar que Lezlienil se ha convertido en una buena amiga y confidente. Para mi esposa es como una hija, y —lo que llama poderosamente la atención— para ella no tienen mayor importancia las atenciones que me brinda esta sacerdotisa. (Lo que ocurre, sospecho, con mi hijo mayor. Él siempre se las arregla para estar en casa cuando Lezlienil está de visita, sin importar la  cantidad de trabajo que haya que hacer en el cuerpo de pilotos dragontinos. ¿Quién sabe en qué terminará esto?)”

Vengist de Cayaboré,
Consejero Real

 

Atuendos

“Rojo es el color de la sangre, rojo es el color de la vida, rojo es el color del amor. Por lo tanto, sólo cabe el rojo como color del clérigo que consagre su vida a la Estimadísima. Todo sacerdote debe vestir con orgullo un rojo tan puro como la sangre, la vida y el amor.”

“Podrá utilizarse cualquier otro tipo de atuendos, siempre que sobresalga el color de la Señora.”

De “El Breviario de la Señora, todas las ediciones”, Sección sobre las Órdenes Sagradas

 

“Bueno, siempre distingues a un sacerdote de Alyssa. No te preocupes por eso, mi viejo. Las chicas están siempre muy bien —y, supongo, los muchachos también—, y lo único que tiene que hacer es fijarse si ve una chaqueta o blusa rojos o algo de ese color. Aparte de eso, andan casi siempre con ropa muy suelta, ondulante y que te hace soñar con lo que hay debajo. O, si no, andan con ropa tan puñeteramente ajustada que ni siquiera hay necesidad de soñar nada; en cambio, te hace babear como loco. ¡No, no puedes no verlos!”

Rendig Oht,
Amtopas, Península Arrufat

 

 

Los templos

“No existen normas para la construcción de templos alyssianos. No que figuren en el breviario. Cuando me encargaron el diseño de un nuevo templo en el Distrito de los Cien, Hallowton, los sacerdotes se limitaron a decir que tenía que ser ‘hermoso’. ¡Cómo si algo distinto pudiera ser concebible!”

“Así las cosas, me habían dado varios meses para presentar el proyecto, así que me tomé la libertad de recorrer algunos templos de zonas aledañas como también estudiar las descripciones de los que se habían construido en otras naciones limítrofes con Gushémal. (Gracias a dios que existen los sacerdotes de Darawk, que bien ganada tienen la fama de juntar y conservar cada pedacito de información que encuentran por ahí.)”

“Lo primero que noté fue que cada templo se ve diferente. No parece que hubiera un patrón de diseño; salvo por la inclusión del símbolo de la rosa y la lágrima de la Señora en el frente de todos los templos.”

“Los templos de Arrufat generalmente tienen paredes blancas, ventanas anchas que permiten la buena ventilación y entradas abovedadas; también cuentan con techos de tablillas rojas y pilares en relieve frontales. En su interior son amplios y se hallan construidos de forma tal que permiten el ingreso constante de corrientes de aire fresco para aliviar el calor del sol.”

“Los templos de Ibrollene guardan cierta similitud. Por desgracia, son escasos los estudios que pueden hacerse de ellos hoy, ya que en su mayoría fueron tirados abajo en la revolución o bien han sufrido renovaciones y modificaciones para adaptarlos a otros fines. De acuerdo con registros históricos, los ibrollenianos preferían el rosado suave para los templos. Las estructuras eran más convexas, lo que les daba un aire más orgánico. También, en el común de los casos, las tablillas eran rojas, y el diseño interior también se pensó para evitar las altas temperaturas. Dada la ubicación más meridional de Ibrollene, la mayoría de estas construcciones contaban con instalaciones de calefacción y para impedir el ingreso del aire.”

“Nuestros templos, en general, presentan rasgos más rectilíneos. Los edificios, las ventanas y las entradas son rectangulares. No muy imaginativos, se podría pensar, sin embargo, nuestros arquitectos no se han quedado atrás y se han mostrado interesados en satisfacer los gustos de la Señora. Los colores de las paredes y los techos son siempre distintos, y las propias paredes en casi todos los casos tienen relieves tallados en piedra que representan las escenas más excitantes y hermosas de las leyendas sobre la Estimadísima.”

“Lo que descubrí en mis investigaciones fue que invariablemente los templos de Alyssa son reflejo de las preferencias y los principios de diseño de quienes los construyen y no exigencias de la diosa. Quizá esto sea lo más acertado, ya que ella adora la fuerza del individuo y desea ubicar la belleza en al frente de todo.”

“Como mencioné el comienzo, hay ciertas normas no escritas. Son más un reflejo del propósito del templo que un principio arquitectónico rector. En general, cerca de la entrada se halla un gran vestíbulo amoblado como un salón para banquetes, es decir, un lugar donde la gente se reúne para celebrar y conocerse. Aquí vuelven a presentarse las variaciones, ya que las preferencias respecto de los muebles difieren según la nación; en Arrufat hay gran cantidad de mesas pequeñas con almohadones, donde visitantes y sacerdotes se apoltronan y disfrutan, sirviéndose comidas y tragos de las bandejas que cada tanto van pasando; en Cayaboré los gustos van más por el lado de las mesas y bancos de gran longitud, en tanto que la comida y los tragos de costumbre los sirven los clérigos.”

“En todos los casos hay un altar en este vestíbulo. Los sumos sacerdotes y sacerdotisas delebran misa en él a diario, lo que, a menudo, no implica interrupción de las conversaciones y carcajadas. Esto no constituye un insulto para el sacerdote, puesto que lo que más desea la diosa es la celebración festiva. Es aquí donde el visitante halla la comodidad para descargar sus preocupaciones y hablar con los sacerdotes y sacerdotisas.”

“Si el problema no puede solucionarse en el vestíbulo, el clérigo lleva al visitante a su vivienda privada, que en general se ubica hacia la parte exterior de las construcciones, y siempre tienen ventanas. Estas habitaciones tienen dimensiones mucho mayores que los que generalmente se encuentran en templos y monasterios, y cuentan con cómodos muebles, que dependen del gusto del ocupante. La mayoría posee al menos una característica arquitectónica específica, por ejemplo, un mosaico o una fuente, o bien cierto toque particular en el diseño que las hace únicas.”

“Con frecuencia se da similitud en estilos y la totalidad de los muebles de algunos cuartos, que en realidad no ocupa nadie en especial, sino que los utilizan visitantes que necesitan permanecer un momento en soledad y sin que nadie los observe, y que no desean la presencia del clérigo. Siempre puede accederse a ellos a través de una entrada lateral, conocida como ‘La Vía de los Pasos Furtivos’. (Por supuesto que para los, ah, visitantes regulares también se los utiliza.)”

“Aparte de ellos, no existe un templo de Alyssa que se asemeje a otro. Tras finalizar mi investigación, decidí que no aplicaría las prácticas de construcción comunes de Cayaboré, sino que fusioné la mayor cantidad posible de estilos que se ven por la zona del Mar de Shane, cuidando mantener un aspecto de belleza sobria, que, tengo para mí, es lo que mejor sienta a la Estimadísima. Espero ver mis dibujos por fin hechos realidad. El armazón ya está en pie, y cada día que pasa se van agregando piedras de realidad a mi idea original. Invito a todos y cada uno a que, dentro de menos de un año, vengan a maravillarse con el templo.”

Revlan Betnagorrel,
Maestro Arquitecto, Norfek, Cayaboré

 

“En honor a la verdad, ¡no estaría vivo si no fuera por las dependencias del templo de Alyssa! Lo digo de veras, es…”

“Bueno… Lo reconozco, quizá me podría haber salvado de otro manera, pero… tendría que haber cambiado muchas cosas, que en realidad no tenía ningunas ganas de cambiar. ¿Es mi culpa que el padre de Dequira tenga semejante temperamento? ¡Sin mencionar esa endemoniada hacha suya! Hombre, la pasé muy mal en su casa, padeciendo a su padre que jugaba en ese hacha como si se tratara de un juguete de cartón piedra. No veía la hora de salir de allí, e irme lejos, a un lugar donde no pudiera verme con Dequira.”

 “Así que nos dirigimos al templo, y pasamos por la Entrada de los Pasos Furtivos, donde su padre no nos hallaría. Y aunque así hubiera sido, te aseguro que hubiera disfrutado viéndolo enfurecido y con todas esas hermosas chicas encima de él. Seguro que se hubiera calmado bastante rápido, ¿no te parece?”

“Él no nos encontró, de todos modos. Tengo la certeza de que no habría ocurrido eso si hubiésemos estado en algún cuchitril de por ahí. Algunos amigos me dijeron que había estado buscando en todos los lugares en los que alguna vez estuvimos juntos. ¡Ha! ¡Bien merecido se lo tiene!”

“Por mi parte, te digo, lo primero que hago al llegar a un pueblo que no conozco es hallar el templo de Alyssa. Nunca se sabe cuando puede ser útil.”

Skow Endrall,
Ciudad de Aseret, Daeshael, Península Arrufat

 

 

Bendiciones y maldiciones

Aclaración: las siguientes anotaciones son extractos del Artusamak, el libro sagrado de la orden que trata sobre bendiciones. Se trata simplemente de breves descripciones; esa obra contiene instrucciones más detalladas del modo y momento de aplicación. En caso de que el lector tenga interés en profundizar su estudio, le recomiendo dirigirse a la Academia de Darawk más cercana y solicite alguno de los tantos libros que existen sobre el particular, que de seguro hallará una obra que le resulte de utilidad en sus bibliotecas.

G.A.Q.

 

La bendición del brote de la flor del amor

“La Estimadísima le otorga al amante no correspondido o ignorado el gozo y la salvación que busca. El objeto de su afecto sentirá la fuerza del deseo, del amor que transciende la carne; el efecto lo embargará y será el reflejo de los sentimientos del otro.”

 

La maldición del marchitamiento de la flor del amor

“Si la Señora lo considera correcto, al echarse esta maldición los lazos amatorios se quebrarán. Lo que antes fue un torrente de afecto, ahora no lo será más. Al disminuir la libertad gozosa y al no haber deseo mutuo, el amor se marchitará y, finalmente, según la intensidad de la maldición, se convertirá en odio.”

 

Alyssargaiv (Bendición de las proezas)

“(Aclaración: Sólo para hombres) Esta bendición solucionará los inconvenientes que han padecido aquéllos cuya fortaleza física a disminuido o a quienes la vida jamás dotó de consistencia. La alyssargaiv les asegura la combinación de gozo y vigor que exige el amor, elevando a sus beneficiarios a niveles extraordinarios y permitiéndoles ingresar en un magnífico océano de esplendor.”

 

La bendición del gozo intenso

“La Estimadísima otorga al destinatario de esta bendición el gozo supremo inmediato, sin importar las circunstancias. El placer les recorrerá el cuerpo y hará perder consciencia de todo, brindándoles una experiencia llena de dulzura en vez de la palidez rutinaria.

“(Aclaración: También puede utilizarse como técnica de ataque.)”

 

La bendición de la calma

“Pocas cosas han sido tan desastrosas para los asuntos del corazón como las turbulencias sentimentales que provocan los malentendidos y los rumores. A través de esta bendición, el clérigo da la paz necesaria para analizar con calma las causas de la cólera. Se pasa de la ira desatada a la racionalidad, para así escuchar con atención la opinión del sacerdote.”

“(Aclaración: Este hechizo resulta de gran utilidad en sesiones terapéuticas. Debe aplicarse en caso de que quien acuda al templo no se halle preparado para compartir sus sentimientos sino que desea entregarse plenamente a los placeres de la carne. Una vez alcanzado el estado de paz, el clérigo está en condiciones de buscar el modo apropiado de ayudar a quien recurre a él.)”