







Magia
Índice
Prefacio
Sección 1: Hechizos
Sección 2: Bendiciones y maldiciones
Sección 3: Utensilios mágicos
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“Poder
trepar los muros es el sueño de todo mortal. No es tan intenso como el sueño
de volar, pero parece ser una actividad magnífica y extraña a la vez. ¿Por
qué debería ser facultad exclusiva de criaturas menores, tales como moscas,
arañas o lagartijas?
“¿Qué
utilidad pueden tener? Si le pregunta al soldado, él sólo tendrá loas para
ellos, ya que le permiten escalar los muros de fortalezas sin la ayuda de
escaleras de mano, que serían apartadas violentamente por parte de quienes las
defiendan. Si le pregunta al ladrón, lo tendrá horas relatándole cómo se
introdujo en el cuarto donde se hallaba el tesoro a través de la ventana, sin
que tuviera mayor importancia el hecho de que se hallaba supuestamente a salvo a
cinco pisos de altura. Si le pregunta al artista, él le contará con una
sonrisa algunos de los espectáculos impresionantes que montó gracias al
hechizo.”
“Su
uso es bastante sencillo. Realice un hechizo sobre un par de guantes, y se
adherirán a todo tipo de superficie siempre que el usuario se mantenga adherido
a ellos —lo que significa que puede apartarse en todo momento de la superficie
de agarre por otra que se halle a mayor altura. Como resulta obvio, deben
llevarse ajustados, no sea cosa de que se salgan; asimismo, conviene realizar un
hechizo similar sobre las botas, por si la cantidad de recovecos para introducir
los pies no resultara suficiente.”
“Lo
más notable es que, si usted procedió de esa manera, nada le impedirá caminar
por los techos. Hace algunos años, había un artista que lo hacía en forma
corriente. El hechicero que lo asistía había procedido sobre las polainas de
aquél, con el resultado de que podía dejar caer la parte superior del cuerpo
sin temor alguno, y quedar colgado de las piernas, para, acto seguido, realizar
malabares que eran la delicia de los espectadores. Ojalá hubiera habido forma
de grabar su espectáculo para que nuestros descendientes lo pudieran disfrutar.
¡Pero no pudo ser así! Ese artista falleció al poco tiempo —aclaro que no
en una representación—. La ironía del destino quiso que muriera en el
incendio que devoró la posada en donde se hospedaba.”
“Es
necesario resaltar que este hechizo no es para principiantes. Aunque no consume
grandes cantidades de energía mágica, debe contarse con conocimientos
avanzados sobre magia, como los que se adquieren en los cursos superiores de
hechicería. Si el recién iniciado llegara a aprender la fórmula
y la recitara para realizar el hechizo, los resultados colaterales
podrían ser desastrosos —se ha sabido de un estudiante insensato que se lo
aplicó en las manos a fin de calzarse los guantes. Se necesitó de dos
clérigos para morigerar todo el daño que fuera posible.”
“Sin
embargo, hay modos de uso para que no conllevan riesgo alguno para ellos. Como
sucede en la generalidad de los casos, existe varios utensilios mágicos que
producen idéntico efecto. Claro que no son fáciles de conseguir; de hecho, la
mayoría se halla bien guardados. En otras palabras, a quien desee aprender este
hechizo le conviene progresar lo suficiente en su arte; de lo contrario, hará
mejor si se olvida de la cuestión.”
Alwouldiss de Daeshael,
Maestro Hechicero, Península Arrufat
(extraído de “El libro de los hechizos sencillos”, primera edición 3099 d
D.)

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