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Magia

Índice

Prefacio

Sección 1: Hechizos

Sección 2: Bendiciones y maldiciones

Sección 3: Utensilios mágicos

 

 

Magia: Hechizos y Bendiciones

Sección 2: Bendiciones y maldiciones


Curación

“Cuerpos azotados por el dolor, arruinados por la enfermedad o las heridas —¡ello no es sino un insulto a los dioses! El hombre, duende y enano fueron todos creados como la forma perfecta de darle cuerpo al espíritu divino. Se les otorgó el sagrado hálito de la vida, el maravilloso don de la mente. ¿Tienen que ser devorados por los horribles demonios de la enfermedad?”

“¡Pues yo digo que no!”

“¡No se destruirá lo que los dioses han creado, no mientras un clérigo respire, no mientras haya un alma consagrada a lo divino! Todos los sacerdotes, todas las almas sagradas deban realizar esfuerzos denodados para corregir lo alterado, para curar el cuerpo y la mente  —¡para recuperar la imagen divina de lo mortal!”

“La curación es la razón más noble, más fundamental del sacerdocio, y, si fuese la única facultad que tuviéramos, sería todo en lo que deberíamos depositar nuestras esperanzas.”

Drymar Qu’rar,
Sacerdote de Decalleigh, Marsey, Ibrollene
(aprox. 2984 d. D.)

 

“Siempre me pregunté por qué todos los dioses les han otorgado a sus seguidores la facultad de curar. Todos, con excepción de aquéllos tan inclinados hacia la destrucción que se desentienden de la curación de los enfermos. Hasta donde yo sé, Shenaumac o Taurquemad habrían desnaturalizado esa facultad, ¡permitiéndole a sus sacerdotes provocar la enfermedad!”

“Pero no es de eso que quiero escribir. La mayoría de los dioses de los que tenemos conocimiento realmente han incluido el poder de curar, en mayor o menor grado, entre las facultades conferidas a sus sacerdotes. Los seguidores de Darawk son, en este aspecto, los más débiles, ya que no pueden curar más que algunos raspones, y para ello necesitan esparcir líquidos sagrados sobre la herida. Los sacerdotes de Sayguel para curar necesitan de una brisa de aire fresco, el elemento de su dios; los mejores resultados los obtienen en vuelo. Supe que en una aeronave cayaboreana un sacerdote de Sayguel le regeneró una mano a quien la maquinaria del artefacto se la había amputado. Tamaña faena excede con creces los poderes de esta orden, los que, sin embargo, deben haberse incrementado por acción del aire.”

“Los sacerdotes de Alyssian se hallan entre los sanadores de niveles superiores que no necesitan  echar mano a elementos físicos para curar la enfermedad —aunque existe gran cantidad de males que están también fuera de su alcance—.”

“Sólo los sacerdotes devotos de Decalleigh tienen el poder de curar todos los males físicos que conocemos.”

“Por supuesto que la mayoría de los lectores se mostrará contrario a esta opinión ya que saben que ninguno de sus sacerdotes de Decalleigh jamás a regenerado un brazo entero o incluso hecho resucitar a alguien de entre los muertos. Hay que recordarle al lector que, me temo, no todos los sacerdotes son iguales, y que sus facultades aumentan gracias a la experiencia —y, de manera colateral, a medida que ascienden en el estado clerical—. El poder de resurrección sólo es patrimonio exclusivo de los que pertenecen a los grados superiores —y creo que en este momento solamente alrededor de diez o veinte de ellos quedan vivos—. Casi nunca se halla el poder absoluto de la curación, y quizá ello sea lo mejor.”

“Sea como sea, los dioses sí se interesan por los mortales y los sanan. He oído a algunos de los sacerdotes más ancianos hablar de que la enfermedad no debe corromper la santidad del cuerpo; el sumo sacerdote de mi templo tiene tendencia a hablar horas sobre ello, casi siempre sin dejar pronunciar palabra a su interlocutor.”

“Como usted inferirá, mi estimado lector, no estoy muy convencido con esta explicación. Ha habido numerosas ocasiones en nuestra historia en que los dioses nos han infligido dolor a los mortales, inclusive plagas que destruyeron naciones enteras. Y no me refiero a deidades viles como Shenaumac, claro que no. Mi propio Dicerius, dios supremo, Señor de la Justicia Eterna, envió la plaga de los forúnculos a la ciudad de Azogaras para castigar a los habitantes por blasfemos, al intentar erigir un nuevos dios en lugar de Dicerius. La razón era suficiente, y el castigo, justo, si se tiene en cuenta la sangre derramada por los azogaranianos es su maligna empresa —aun así, un dios causó la enfermedad. Fue un dios quien corrompió los cuerpos supuestamente santificados.”

“No, esa santidad no es razón suficiente. Si así fuera ¿no significaría también que, por dar un ejemplo, a Darawk ella le interesa menos que a Alyssa? ¿O eso es el mero reflejo de la debilidad de este dios?”

“Estimado lector, temo que no poseo la sabiduría para darte una respuesta que te satisfaga. Conoces los hechos tanto como yo, pero las razones… Bueno, esto es cuestión de los dioses, y sus razones son divinas.”

“La respuesta que he hallado para conformarme, aunque parezca muy simplista, es que acepto la idea de la protección de los dioses. ¿Acaso no somos sus hijos? ¿Y no es el deseo de todo padre ver crecer a sus hijos sanos y fuertes? Eso es lo que creo, y por es por eso que amo a los dioses.”

Larquarsh Tribrask,
Sacerdote de Dicerius, Kyav, Kraznyczar