Página principal

Página Principal

Archivos para bajar

Boletín

Enlaces

Envíanos mensajes


Los relatos

El mundo

El juego


Magia

Índice

Prefacio

Sección 1: Hechizos

Sección 2: Bendiciones y maldiciones

Sección 3: Utensilios mágicos

 

 

Magia: Hechizos y Bendiciones

Sección 3: Utensilios mágicos


El guantelete de la resurección

“Lo confieso. Siento envidia de esos modayreanos. No sabemos prácticamente nada de su tierra, allá en el norte, oculta dentro de una montaña circular que jamás nadie ha podido escalar —es decir, nadie que haya sobrevivido la travesía que significa cruzar la densa jungla que la rodea—. ¿Los modayreanos son humanos? ¿Son duendes? ¿Enanos? ¿O pertenecen a alguna otra especie de la que jamás hemos oído hablar?”

“Lo que sí sabemos es que son maestros de la hechicería, con un nivel muy superior a los de cualquier hechicero fuera de ese lugar. Quizá el gran Alwouldiss se les acercó un poco, pero incluso él habría tenido que realizar grandes esfuerzos para igualar siguiera la mitad de los increíbles utensilios que salen con cuentagotas de Modayre.”

“Todos conocen los encendedores de lumbre, pequeñas cajas que, de manera confiable, producen llamas al pronunciar la palabra mágica. Los yesqueros de antaño le dieron paso a estos artefactos, cuya utilización se ha extendido por todo Gushémal —¿pero quién entiende su funcionamiento?—. ¡Y cómo una nación tan diminuta produce los miles de encendedores que se emplean cotidianamente!”

“Inclusive es un secreto el modo en que se comercian. Hay mercaderes que han engordado bastante y se han hecho ricos vendiendo bienes modayreanos, pero que insisten en mantener la boca cerrada respecto del modo en que se procuran esos artículos y efectúan los pagos a Modayre.”

“Lo que resulta peor es que existen utensilios que exceden con creces la calidad de los terrenales encendedores. Uno de estos es el legendario guantelete de la resurrección. Realizado en plata, se ajusta perfectamente a la mano de un varón humano adulto. Tiene rubíes, sobre los que puede ejercerse presión, engastados en la parte inferior de los dedos, e instrucciones en el lenguaje rúnico de los modayreanos inscriptas en el envés.”

“¡Y, sí, como su nombre indica, tiene el poder de resucitar a los mortales!  Debe aplicarse dentro de las tres horas de producida la muerte, y el difunto no sólo vuelve a la vida con sus facultades intactas, sino que se curan la mayoría, cuando no todas, las heridas sufridas.” 

“Una proeza que sólo pueden realizar los sacerdotes y hechiceros del nivel más alto, ¡y el poder mágico se oculta en un simple guante de metal! Pero al menos tiene una limitación: cada rubí representa una carga, por lo tanto, con cada guantelete se pueden efectuar sólo cinco resurrecciones, tras lo cual pierde toda utilidad. Sin perjuicio de ello, sospecho que esto se debe no la imposibilidad de los modayreanos para colocar mayor cantidad de cargas —¡sino que su intención es mantener el mercado para estos artículos!—.”

“De todos modos, son muy escasos los que se hallan fuera de Modayre, y alcanzan precios altísimos. Millonarios tendrían que emplear toda su fortuna para adquirir uno de estos guanteletes. Es decir, deberían gastar gran parte de sus riquezas para encontrar cuando menos uno al que le queden cargas. ¡Imagínense si funcionaran por siempre! Con sólo uno, cualquier ejército sería invencible, y le haría frente a los soldados duéndicos en la época del Diluvio de los Duendes, ¡toda vez que cada baja fuera resucitada y volviera al frente en cuestión de minutos!”

“Me he pasado décadas investigando la magia, y soy absolutamente incapaz de hacer volver de la muerte a algún ser. Yo ni siquiera puedo recuperar pequemos destellos de vida como un roedor —pero sí puede un guantelete—. Por eso, sí, les tengo mucha envidia a los modayreanos. ¡Cómo quisiera aprender sus secretos!”

Rhoumoren Maghan,
Maestro Hechicero, Niz, Ibrollene
(de una carta escrita en 3151 d. D.)