|



“Lo
confieso. Siento envidia de esos modayreanos. No sabemos prácticamente nada de
su tierra, allá en el norte, oculta dentro de una montaña circular que jamás
nadie ha podido escalar —es decir, nadie que haya sobrevivido la travesía que
significa cruzar la densa jungla que la rodea—. ¿Los modayreanos son humanos?
¿Son duendes? ¿Enanos? ¿O pertenecen a alguna otra especie de la que jamás
hemos oído hablar?”
“Lo
que sí sabemos es que son maestros de la hechicería, con un nivel muy superior
a los de cualquier hechicero fuera de ese lugar. Quizá el gran Alwouldiss se
les acercó un poco, pero incluso él habría tenido que realizar grandes
esfuerzos para igualar siguiera la mitad de los increíbles utensilios que salen
con cuentagotas de Modayre.”
“Todos
conocen los encendedores de lumbre, pequeñas cajas que, de manera confiable,
producen llamas al pronunciar la palabra mágica. Los yesqueros de antaño le
dieron paso a estos artefactos, cuya utilización se ha extendido por todo
Gushémal —¿pero quién entiende su funcionamiento?—. ¡Y cómo una nación
tan diminuta produce los miles de encendedores que se emplean cotidianamente!”
“Inclusive
es un secreto el modo en que se comercian. Hay mercaderes que han engordado
bastante y se han hecho ricos vendiendo bienes modayreanos, pero que insisten en
mantener la boca cerrada respecto del modo en que se procuran esos artículos y
efectúan los pagos a Modayre.”
“Lo
que resulta peor es que existen utensilios que exceden con creces la calidad de
los terrenales encendedores. Uno de estos es el legendario guantelete de la
resurrección. Realizado en plata, se ajusta perfectamente a la mano de un
varón humano adulto. Tiene rubíes, sobre los que puede ejercerse presión,
engastados en la parte inferior de los dedos, e instrucciones en el lenguaje
rúnico de los modayreanos inscriptas en el envés.”
“¡Y,
sí, como su nombre indica, tiene el poder de resucitar
a los mortales! Debe aplicarse
dentro de las tres horas de producida la muerte, y el difunto no sólo vuelve a
la vida con sus facultades intactas, sino que se curan la mayoría, cuando no
todas, las heridas sufridas.”
“Una
proeza que sólo pueden realizar los sacerdotes y hechiceros del nivel más
alto, ¡y el poder mágico se oculta en un simple guante de metal! Pero al menos
tiene una limitación: cada rubí representa una carga, por lo tanto, con cada
guantelete se pueden efectuar sólo cinco resurrecciones, tras lo cual pierde
toda utilidad. Sin perjuicio de ello, sospecho que esto se debe no la
imposibilidad de los modayreanos para colocar mayor cantidad de cargas —¡sino
que su intención es mantener el mercado
para estos artículos!—.”
“De
todos modos, son muy escasos los que se hallan fuera de Modayre, y alcanzan
precios altísimos. Millonarios tendrían que emplear toda su fortuna para
adquirir uno de estos guanteletes. Es decir, deberían gastar gran parte de sus
riquezas para encontrar cuando menos uno al que le queden
cargas. ¡Imagínense si
funcionaran por siempre! Con sólo uno, cualquier ejército sería invencible, y
le haría frente a los soldados duéndicos en la época del Diluvio de los
Duendes, ¡toda vez que cada baja fuera resucitada y volviera al frente en
cuestión de minutos!”
“Me
he pasado décadas investigando la magia, y soy absolutamente incapaz de hacer
volver de la muerte a algún ser. Yo ni siquiera puedo recuperar pequemos
destellos de vida como un roedor —pero sí puede un guantelete—. Por eso,
sí, les tengo mucha envidia a los modayreanos. ¡Cómo quisiera aprender sus
secretos!”
Rhoumoren Maghan,
Maestro Hechicero, Niz, Ibrollene
(de una carta escrita en 3151 d. D.)

|