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Índice

Prefacio

Sección 1: Hechizos

Sección 2: Bendiciones y maldiciones

Sección 3: Utensilios mágicos

 

 

Magia: Hechizos y Bendiciones

Sección 3: Utensilios mágicos


Brazaletes de luz

“¿Alguna vez ha deambulado en una caverna y maldecido esa maloliente antorcha que llevaba consigo? ¿Alguna vez se le apagó justo cuando más la necesitaba?”

“¿O acaso se preocupa por las calles que debe recorrer de regreso a casa tras disfrutar una noche de diversión? ¿Se pregunta qué acecha en las sombras? ¿Y le gustaría que esa antorcha iluminara más y las penetrara?”

“Bueno, si usted es de los que se sienten identificados con lo anterior, ¡deje de preocuparse! ¡Pues aquí le ofrezco por única vez la oportunidad de adquirir uno de los utensilios mágicos más avanzados que jamás se hayan creado! ¡Existen sólo unos pocos, obra del gran Alwouldiss de Daeshael, tan admirado él! Sí, ese único, irrepetible y jamás superado genio del poder, cuya notable desaparición se produjo a finales de siglo —y del que sólo nos queda su conocimiento y renombre—.”

“¡Y sus mágicos BRAZALETES DE LUZ!”

“Colóquese uno, igual que haría con cualquier otro brazalete, y un haz de luz saldrá del brazalete que todo lo ilumina. ¡Basta del miedo a la oscuridad! ¡El brazalete de Alwouldiss lo curará de ese mal —¡y espantará todos los males que andan al acecho!”

“No sólo esto, los brazaletes de Alwouldiss son también decorativos, ya que vienen con un diseño rúnico en la parte superior ¡diferente en cada uno! Hay quienes dicen que el diseño es una runa verdadera, pero yo digo que le queda espléndido a cualquiera, sea al guerrero que necesita luz para combatir a los demonios de la oscuridad  —o a la dama que quiere impresionar en bailes a los demás con sus conocimientos sobre magia—¡o al sacerdote de Darawk que se adentre en sitios desconocidos! ¡Oh, claro que sí! Los brazaletes de luz no sólo constituyen excelentes herramientas, también son buenos accesorios que realzan el aspecto personal.”

“¡Imagínese cómo se vería usted con uno puesto!”

“¡Piense lo que podría hacer con ellos!”

“¡Y, como si esto fuera poco, piense qué sentiría al poseer una creación del mismísimo Alwouldiss de Daeshael!”

“¡Por sólo tres dragones de oro (3 DO) usted puede descubrir esa sensación! Haga su pedido hoy mismo —la cantidad es limitada, ¡y no se fabricarán más! (por lo menos con idéntica calidad a los brazaletes de luz de Alwouldiss)”

Esojairam Raznal,
Mercader de la
Península Arrufat (Daeshael)

 

Comentario: No resistí la tentación de incluir en mi libro el texto de estos folletos. Se distribuyeron mediante magiesquelas hace algunas semanas, y uno de ellos me fue enviado. ¡Esto deja pensando en el tino de este Raznal, que le envía una publicidad de esta clase a la decana de una academia de hechicería!

Es claro que estos objetos son falsos, ya que Alwouldiss jamás dejó tales brazaletes —además, cualquier estudiante de magia que esté en primer año y que no se haya quedado dormido en ninguna clase sabe que no son tan difíciles de hacer. De hecho, es probable que Alwouldiss estuviera hastiado de magia tan terrena y que no se dedicara a cosas semejantes.

Por supuesto, las autoridades de Daeshael no tienen ningún interés en poner fin a la estafa de este Raznal. El mismo día en que recibí la propaganda les envié una magiesquela, y casi un mes después se me informó que no veían necesidad alguna para seguir investigando. Supongo que han recibido sobornos, como ocurre casi siempre con los funcionarios de la Península Arrufat. Les falta la disciplina de los funcionarios cayaboreanos.

Ello no tiene mayor importancia. Que ese folleto sirva de advertencia respecto de la pequeña cantidad de este tipo de publicidad que resulta ser genuina.

En lo que concierne a los brazaletes, para fabricarlos hay que ser hechicero versado en la creación de utensilios mágicos, y hay que contar con algo de energía taumatúrgica acumulada. Por lo demás, no existen mayores inconvenientes —¡por lo menos no hace falta ser Alwouldiss! Si no me traiciona la memoria respecto del valor de las monedas de Arrufat, el precio de un buen brazalete que dura cerca de cuatrocientas horas estaría entre quince y veinte leones de plata —menos de la décima parte de lo que pide Raznal.

Y ya que estamos en tren de advertencias, he visto brazaletes —o artículos luminosos similares— que cuestan unas pocas monedas de cobre. Se recomienda evitar su uso a toda costa. En su mayoría se agotan a las pocas horas, y apenas superan un día de duración (pero que, supongo, le dan a los vendedores tiempo suficiente para que no quede ninguno en sus puestos o comercios); por desgracia, algunos tienen efectos colaterales más graves.

Arinesse Sol,
Real Academia de Hechicería,
Hallowton, Cayaboré