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“¿Alguna
vez ha deambulado en una caverna y maldecido esa maloliente antorcha que llevaba
consigo? ¿Alguna vez se le apagó justo cuando más la necesitaba?”
“¿O
acaso se preocupa por las calles que debe recorrer de regreso a casa tras
disfrutar una noche de diversión? ¿Se pregunta qué acecha en las sombras? ¿Y
le gustaría que esa antorcha iluminara más y las penetrara?”
“Bueno,
si usted es de los que se sienten identificados con lo anterior, ¡deje de
preocuparse! ¡Pues aquí le ofrezco por única vez la oportunidad de adquirir
uno de los utensilios mágicos más avanzados que jamás se hayan creado!
¡Existen sólo unos pocos, obra del gran Alwouldiss de Daeshael, tan admirado
él! Sí, ese único, irrepetible y jamás superado genio del poder, cuya
notable desaparición se produjo a finales de siglo —y del que sólo nos queda
su conocimiento y renombre—.”
“¡Y
sus mágicos BRAZALETES DE LUZ!”
“Colóquese
uno, igual que haría con cualquier otro brazalete, y un haz de luz saldrá del
brazalete que todo lo ilumina. ¡Basta del miedo a la oscuridad! ¡El
brazalete de Alwouldiss lo curará de ese mal —¡y espantará todos los
males que andan al acecho!”
“No
sólo esto, los brazaletes de Alwouldiss son también decorativos, ya que vienen con un diseño
rúnico en la parte superior ¡diferente
en cada uno! Hay quienes dicen que el diseño es una runa verdadera, pero yo
digo que le queda espléndido a cualquiera, sea al guerrero que necesita luz
para combatir a los demonios de la oscuridad
—o a la dama que quiere impresionar en bailes a los demás con sus
conocimientos sobre magia—¡o al sacerdote de Darawk que se adentre en sitios
desconocidos! ¡Oh, claro que sí! Los brazaletes de luz no sólo constituyen
excelentes herramientas, también son buenos accesorios que realzan el aspecto
personal.”
“¡Imagínese
cómo se vería usted con uno puesto!”
“¡Piense
lo que podría hacer con ellos!”
“¡Y,
como si esto fuera poco, piense qué sentiría al poseer una creación del
mismísimo Alwouldiss de Daeshael!”
“¡Por
sólo tres dragones de oro (3 DO) usted puede descubrir esa sensación! Haga su
pedido hoy mismo —la cantidad es limitada, ¡y no se fabricarán más! (por lo
menos con idéntica calidad a los brazaletes
de luz de Alwouldiss)”
Esojairam Raznal,
Mercader de la Península
Arrufat (Daeshael)

Comentario:
No resistí la tentación de incluir en mi libro el texto de estos folletos. Se
distribuyeron mediante magiesquelas hace algunas semanas, y uno de ellos me fue
enviado. ¡Esto deja pensando en el tino de este Raznal, que le envía una
publicidad de esta clase a la decana
de una academia de hechicería!
Es
claro que estos objetos son falsos, ya que Alwouldiss jamás dejó tales
brazaletes —además, cualquier estudiante de magia que esté en primer año y
que no se haya quedado dormido en ninguna clase sabe que no son tan difíciles
de hacer. De hecho, es probable que Alwouldiss estuviera hastiado de magia tan
terrena y que no se dedicara a cosas semejantes.
Por
supuesto, las autoridades de Daeshael no tienen ningún interés en poner fin a
la estafa de este Raznal. El mismo día en que recibí la propaganda les envié
una magiesquela, y casi un mes después se me informó que no veían necesidad
alguna para seguir investigando. Supongo que han recibido sobornos, como ocurre
casi siempre con los funcionarios de la Península Arrufat. Les falta la
disciplina de los funcionarios cayaboreanos.
Ello
no tiene mayor importancia. Que ese folleto sirva de advertencia respecto de la
pequeña cantidad de este tipo de publicidad que resulta ser genuina.
En
lo que concierne a los brazaletes, para fabricarlos hay que ser hechicero
versado en la creación de utensilios mágicos, y hay que contar con algo de
energía taumatúrgica acumulada. Por lo demás, no existen mayores
inconvenientes —¡por lo menos no hace falta ser Alwouldiss!
Si no me traiciona la memoria respecto del valor de las monedas de Arrufat, el
precio de un buen brazalete que dura cerca de cuatrocientas horas estaría entre
quince y veinte leones de plata —menos de la décima parte de lo que pide
Raznal.
Y
ya que estamos en tren de advertencias, he visto brazaletes —o artículos
luminosos similares— que cuestan unas pocas monedas de cobre. Se recomienda
evitar su uso a toda costa. En su mayoría se agotan a las pocas horas, y apenas
superan un día de duración (pero que, supongo, le dan a los vendedores tiempo
suficiente para que no quede ninguno en sus puestos o comercios); por desgracia,
algunos tienen efectos colaterales más graves.
Arinesse Sol,
Real Academia de Hechicería,
Hallowton, Cayaboré

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