







Prefacio
Sección I: Especies inteligentes
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Preámbulo:
Me
han enviado gran número de documentos sobre el tema de los alreus, y quisiera
hacer extensivo mi más sentido agradecimiento a esos colaboradores, mas temo
que la mayoría no deberían formar parte de esta obra. Sé que los alreus no
son la raza más apreciada de este mundo, pero no es mi intención darme el lujo
de publicar diatribas que consisten en poco más que “condenados hombrecillos
dedicados al robo a los habría que poner en un corral en una isla que jamás
abandonen”.
Por
lo tanto, perdonadme si es que no he incluido textos que reflejan opiniones
personales sobre los alreus y he preferido utilizar documentos de mayor valor
científico, aunque resultaron difíciles de hallar.
Lestrovar el Sabio,
Palacio Imperial de Sirap, Ibrollene
“El
alreu adulto alcanza una estatura de 90 cm. Se sabe de unos pocos que han
superado esa altura en unos 15 cm., a quienes la raza estima gigantes. Al
contrario del pensamiento mayoritario, la altura no se considera una ventaja,
sino algo vergonzoso, razón por la cual las madres alreu a veces emplean drogas
para frenar el crecimiento de hijos de inusual tamaño.
“Son
humanoides y tienen un notable parecido a niños humanos de cabeza ligeramente
grande y ojos de gran tamaño. A diferencia de los humanos, tienen miembros
mucho más grandes y largiruchos, dándole a la criatura, al estar enncorvada,
el aspecto de araña; de araña inofensiva, siendo el peligro que representa
totalmente diferente del de los arácnidos.
“En
cuanto a la vestimenta, en general usan chaleco, pantalones, como así también
botas de suela delgada; todo de algodón o telas similares. Jamás usan cuero,
ya que aborrecen el contacto de la piel de animal
con el cuerpo. (Quizá creen que el espíritu de ese animal pueda poner
en peligro el alma propia. Con una raza tan complicada como esta, yo creería
cualquier cosa.)
“Rara
vez se encuentra un alreu que no lleve mochila o bolsas llenas de gran variedad
de objetos, útiles como inútiles. Tan raro como alreu sin un juego de
diminutas herramientas de su raza que utiliza para
trabajar cualquier objeto que tenga al alcance. La mayoría las guardan
en una bolsa especial ajustada al cinturón que se desenrolla al tacto y que
permite la fácil selección de los instrumentos correspondientes.
“Digno
de mención es su instinto, tan difícil de explicar, para trabajar objetos. Si
les diera la cabeza para crear herramientas que
sirvan en vez de cosas ridículas e inútiles, los alreus serían los
mejores arregladores y artesanos del planeta, llegando a competir, incluso, con
los enanos caballeros. Por desgracia, el raciocinio y la inteligencia del alreu
medio se hallan bastante dispersos para que ello sea alguna vez posible.
“De
hecho, el lector debe cuidarse de tener cerca de bienes atesorados al alreu,
pues el arreglador que hay en la criatura inevitablemente despertará, y dichos
bienes sufrirán alteraciones inimaginables para la persona razonable.
(Inimaginables no sólo por el resultado del trabajo, sino también por la
manera en que el alreu elige realizarlo con magistral precisión.) Por ejemplo,
el guerrero quizá se encuentre con que le han desguazado el acero, que ha
quedado hecho una miríada de astillas adosadas con arte al interior del escudo,
formando la imagen del dueño si se lo ve con la luz correspondiente. La empuñadura
de la espada puede que quede en la parte exterior del escudo, al igual que
varios otros objetos que pertenecen no sólo al dueño del acero sino a los
compañeros”.
Nealgaerl de Neiklot
Duende
“Hasta
hace pocos años estaba convencido de que la idea de una tierra natal de los
alreus era tan ridícula como la de un alreu silencioso y aletargado.
“Sin
embargo, recientemente empredí un viaje a la Tierra Azul. En mi opinión, un
viaje peligroso, pero que valía la pena, pues otros colegas eruditos de Darawk
habían descubierto una antigua biblioteca en las ruinas de lo que podría haber
sido un templo o una academia dedicada al conocimiento. A pesar de los peligros
que entrañaba este primitivo país y sus tan poco saludables habitantes —poco
saludables para nosotros los civilizados, por supuesto—, pasé varios meses
allí tratando de reconstruir documentos antiguos, casi consumidos por el paso
del tiempo.
“Entre
ellos hallé un libro escrito por alguien que afirmaba ser el Sumo Sacerdote de
Derask, que, sospecho, es una forma distorsionada
—¡y femenina!— de nuestro señor, el dios Darawk. Para hacerle honor
a ese ‘sacerdote’, brindaré el
texto relevante en su forma original, aunque advierto que el manejo del lenguje
por parte de este hombre era, en el mejor de los casos, mediocre. (Tal vez los
usos lingüísticos hayan cambiado desde entonces; otros tendrán que informarme
al respecto.) El sacerdote comienza de la siguiente forma:
“Así
hablé yo, Zeretast, leal y humilde siervo de la que dado nos ha sabiduría,
nuestra Sennora Derask. Una plagga descendido ha en nuestra tierra, terrible y
cruel. Es la plagga el elroy que inundado ha nuestra tierra en tiempo de
Loshatek el Ogullo, bendito por Derask, bendita por Hagwenius, bendito por
Dakirjust. Equivocados estábamos al principio por la aparente inocencia de las
criaturas que dijéronnos que de la tierra de Ghedzen expulsados habían sido.
Dijéronnos que ejjércitos a Ghedzen llegado habían para asesinar a cada elroy
que veían.
“’Preguntámonos
quién una tan cruel cosa haría. El elroy inofensivo parecía, su ruego nuestra
alma conmovió. Así al elroy recibimos, y a saber iríamos de una plagga y
maldición que sobre nosotros descendió, pues las criaturas conocían no la
propiedad de cosas, robaban lo que veían o destruíanlo’.
“El
sacerdote pasa a abundar en los daños
que causa el alreu. No hay necesidad de continuar al respecto, ya que estamos
bien acostumbrados hoy al alreu. Me resulta sobremanera interesante que los
describa como algo más fanáticos —si ello es concebible— de lo que se sabe
son en la actualidad, tal vez debido a la pérdida de su tierra natal.
“Es
una pena que Zeretast en realidad jamás hace mención de dónde está ubicada
esta tierra, Ghedzen, ni tampoco dice quién invadió dicha tierra. Más
adelante cuenta que su pueblo de la Tierra Azul decidió expulsar al alreu,
‘pues Loshatek el Invincibile aprendido ha la lección de los asesinos de
elroy. Así él habla a los pequennos sennores para que sus espaddas alcen y
maten a traedores de plagga’. Cualquiera haya sido el éxito de tal arremetida
en aquél tiempo, no hay duda que estaba condenada al fracaso. De hecho, durante
mi estadía en la Tierra Azul llegué a conocer una comunidad de alreu que vivía
no muy lejos de la biblioteca misma.
“Empero,
existe realmente una tierra natal de los alreu. Esté donde esté, valdría la
pena investigarla para hallar rastros de si el alreu sufrió cambios a raíz de
la huida”.
Torbann Keverast,
Erudito de Darawk, Kraznyczar
(2544 d. D., extracto de cartas archivadas en la Academia de Ciencia, Sirap,
Ibrollene)
“Por
desgracia, el comportamiento de los alreus es bien conocido para todos los
habitantes de Gushémal. No comprenden el significado de la propiedad, como
resultado de su estilo de vida abierto. ‘Meins
ist deins’ es la filosofía que siguen. Una buena traducción sería ‘lo
que me pertenece a mí te pertenece a ti’, aunque esta versión es bastante
libre, ya que no existe realmente una palabra para
‘pertenecer’ en la lengua alreu.
“Esta
característica es típica de todos los alreus, que se deja ver bien en
cualquiera de sus poblados. Las casas están dispersas a tontas y a locas, sin
que haya nada que se parezca a caminos o algún sitio central. Pero atención,
que, aunque hablo de ‘casas’, el término ‘madriguera’ sería más
apropiado, ya que la vivienda del alreu consiste de una casilla que sirve poco
más que de antesala de la morada real, que es una serie de túneles que
se excavan en el suelo.
“(Es
notable que los poblados alreu no se ubiquen exclusivamente en zonas de suelos
blandos, sino que han mostrado bastante inventiva al excavar suelos rocosos, y
emplean métodos de estabilización de túneles casi tan efectivos como los de
las minas de los duendes. Esto es inusual por cuanto la mayoría de las
invenciones de los alreus son inútiles o contraproducentes, mas creo que no hay
incentivo como el instinto de autoconservación para disparar imaginación. La
vida en un túnel que puede derrumbarse en cualquier momento no es precisamente
un ambiente de paz, y hay muy poco que el alreu ame más que la paz.)
“Los
túneles se van agrandando merced al paso de cada generación, la que, como mínimo,
le agrega dos habitaciones a la morada. Ya que las familias permanecen juntas,
algunas casas alreu llegan a tener
cien habitaciones interconectadas de las más diversas —y sorprendentes—
maneras. Con seguridad que es mejor que no pueda ingresar ningún humano o
duende a tales moradas —a causa de la diferencia de tamaño—, ya que la
mente se turba ante el espectáculo que ofrece una habitación de estar con
decenas de puertas que van para cualquier dirección, inclusive hacia arriba o
abajo. Encima, en general están abiertas, y es constante el ir y venir de los
visitantes, lo que apenas deja tiempo para respirar en paz.
“En
esas viviendas hay una interminable andanada de palabras y ruido, un bullicio
que aturde los oídos de los de cualquier otra especie. Mas para el alreu esto
es lo que llama un feliz lugar de familia y tranquilo. ‘Ein
Augenblick ohne Worte ist ein verlorener Augenblick’ (‘Momento sin
palabras es momento perdido’) es otro dicho que tienen; bien describe la vida
que llevan.
“Por
ende, no sorprende la abundancia de proverbios que han creado los alreus, como
tampoco sorprende que jamás se hayan molestado en desarrollar la escritura. Por
lo general, se la pasan hablando. (Oh, son capaces de halbar y trabajar objetos
al mismo tiempo, por lo que ello no debería impedirles escribir; mas creen que
las palabras escritas no transmiten el verdadero mensaje como la palabra
hablada.)
“En
lo personal, lamento que pocos eruditos se hayan tomado el tiempo de encarar una
sincera investigación de este pueblo, en particular sus proverbios e historia
(que simpre se relata en forma de leyendas sobre los ancestros). Hay mucho que
aprender e ilustrarse de ellos… Mas debo admitir que yo mismo he vencido mi
adversión hacia el alreu cerca del fin de mi vida, y los días que me queden
serán muy pocos para escribir lo que corresponde sobre estas criaturas.
“Sin
embargo, seguiré adelante. Como dicen los alreus, ‘Llena el aire de
palabras’, que es el saludo más amable y florido que se conoce en su lengua.
“Volviendo
a su falta de comprensión de la propiedad, a los alreu les encanta regalar.
Pocas cosas adoran como los regalos, sin importar de qué se trate. Los
presentes significan más que una cuestión de amistad o parentesco; a menudo se
entregan para cubrir alguna necesidad del otro. (A mí mismo una vez un alreu,
que me dio una gema brillante que valía varias fortunas, me dijo me quedaría
bien en el chaleco. Y tenía razón.) Otra razón para los presentes, al menos
tan importante, es que el receptor pueda mejorarlos. ‘Mi habilidad es menor
que la suya’, dirá el alreu, para volver al rato esperando ansiosamente que
el regalo haya sido realzado hasta la perfección, o lo que los alreus entienden
por perfección.
“Resulta
extraño que los regalos queden en la —a falta de una palabra mejor— posesión
del receptor, a menos que decida entregarlo por propia voluntad. Los alreus, en
general, toman lo que les place, mas los regalos son sagrados; tomarlos sería
una crueldad, ya que no se satisface una necesidad ni se los ha realzado hasta
el máximo de sus posibilidades. (Sigo teniendo la gema que mencioné antes, la
que usé abiertamente en la comunidad alreu más de un año, y ni una mano
intentó arrebatarla.)
“Lo
que no implica que se retengan los artículos que se regalan. ¡A menudo, el
receptor se desprede de los presentes minutos después de que se lo entregaron!
Esto jamás se ve como un insulto por parte de quien lo da, sino, a lo sumo,
como una corrección de su percepción. ‘Sí, tengo una necesidad pero la de
mi amigo es mayor’ o ‘has sobreestimado mi habilidad, amigo mío’ son
ideas que se manejan en el común de los casos.
“Sería
un descuido de mi parte si no mencionara sobre el particular que las comunidades
alreu mantienen una fuerte conexión entre ellas sin importar la lejanía. Un
ejemplo más, fruto de mi propia experiencia, sirve a la perfección: en una de
mis primeras visitas a una aldea alreu cercana, ‘perdí’ un broche de sumo
valor para mí; fue una pérdida profunda y, un tiempo, desprecié por ello a
los alreus. Mas a los diez años, en una aldea ubicada en la otra punta del
continente, a un alreu le pareció que esa gema, la misma joya que mecioné
antes, se vería muchísimo mejor con un broche montado. ¡Y qué sorpresa me
dio mi amigo al darme precisamente el mismo broche que había creído perdido
para siempre!”
Pyar Vivont
Erudito de Darawk

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